5 de enero de 2026

Cinco de enero

 Cinco de enero


La mayor de todas las fiestas infantiles (día del niño, 24 de diciembre, el día de la primavera y demás), no cabe duda que es el cinco de enero. Equiparable, en magnitud adulta, al Día de las Madres, el 20 de noviembre, el 15 de septiembre o el destape sexenal; o bien, a las fastuosas aglomeraciones en el Ángel de la Independencia, cuando la selección mexicana tiene por rareza algún triunfo que la afición considere conveniente festejar. El seis de enero, Día de la Epifanía de Nuestro Señor, casi todos los niños mexicanos son mimados.


El seis de enero no hay un ser con más obsequios por derecho que los hijos. Ser padre, un día como ese, es un auténtico cargo de conciencia, si no se tomaron las precauciones del caso y se gastó o prestó dinero con anterioridad. La víspera en la ciudad se da una economía de guerra: El que debe, no paga; Al que le deben, le cobran; y al que le sobra... Se cuida.


Los licenciados en derecho abocados a la materia penal generalmente poseen un arma, la de nuestro personaje era de gran calibre y se decía en el despacho que ya se había llevado a más de tres en el camino… ciertamente no era una perita en dulce…


Era precisamente la mañana del cinco de enero de un año cualquiera, de crisis o de bonanza en la historia de México, cuando una aterradora alarma lo despertó. No era el reloj despertador, casi inútil de la casa, ni siquiera una alerta sísmica o la amenaza de una bomba; Tampoco se trataba el inconsciente telefonazo de un cliente a deshoras de la mañana, o la promoción de una tarjeta de crédito sino la tibia voz de la esposa que murmuró al oído del ceniciento:


— ¿Quieres saber qué le pidieron los niños a los «Reyes Magos»?


Una sonora palpitación se revolcó en el pecho y la presión sanguínea se fue al nivel más alto…


Entre las alarmas psicológicas se oía una descripción de juguetes que por más que la imaginación adulta haga esfuerzos por comprender, siempre es rebasada por la imaginación y el candor del más dócil de los críos…


En ese momento se maldijo por comprar televisión, radio y cualquier otro vehículo de la publicidad, deseó que sus hijos fueran parapléjicos; hasta que se apareciera su suegra y le pudiese pedir prestado sin la menor intención de pagarle (o sea, «sablearla»). Finalmente reaccionó con un dejo de adultez que la circunstancia le permitía, suspiró, se desenrolló las sábanas y pensó lenta y pausadamente, seguro existía el recurso… La chequera estaba vacía; las tarjetas, saturadas; la cartera llena de identificaciones… Obviamente tenía un problema… ¡Un gran problema! ¿Qué niño que tenga padre va a sufrir las contrariedades de no recibir un regalo en la madrugada del día seis?


— ¡Mis hijos! — se respondió para sí


La esposa se afanaba en la cocina de manera estéril para el paladar abogadil acostumbrado a la comida internacional, mientras, a nuestro personaje, por la cabeza le roían las ratas de la culpa y la angustia.


No desayunó, se fue directo a la oficina. No saludó a casi nadie y por tal actitud casi todos se percataron del problema. A la mayoría se le llenó de prudencia el bolsillo y casi todos evitaron el tema, no fuese a pedirles dinero.


— ¡Dora, Dora! — llamó a su secretaria


La incondicional secretaria apareció con diligencia pero con una cierta actitud: de quien ha preparado ya un discurso anti préstamos.


— ¡Dígame, señor!


Inmediatamente que sus miradas se cruzaron, él se percató del drama: ni su fiel secretaria cedería un céntimo en vísperas de «Reyes»


— En cuanto me hable un cliente me lo pasa, y a todos los que me deben aunque sea un trago, pásemelos.


— ¡Sí señor! — cerró Dora.


Como un tigre blanco recién capturado se revolvía en su oficina. Nadie tocaba ni entraba, nadie le ofrecía un café, ningún cliente llamaba y todos los deudores estaban en las antípodas…


Un billete muy modesto se asomó por entre las costuras del saco, con eso… con eso… no alcanzaba para nada. Mientras de la culpa pasaba a la melancolía y de la melancolía a la furia y luego a la indignación, el cinco de enero, pasaba. Transcurría en una auténtica paradoja del tiempo, mientras buscaba quien le prestara o pagara dinero, se fugaba como un amor prohibido. Cuando le buscaban para cobrarle o simplemente cuando no encontraba a nadie; el tiempo, como tortura china, se detenía haciendo de esos momentos una delicada pieza de suspenso.


«Cincuenta, nada más cincuenta», se decía a sí mismo. La única estrategia: esperar a las ofertas y pedirle a su esposa que llenara a los niños con té de jazmín.


— ¿Cuánto les doy? — preguntó su esposa.


— Dos o tres


— ¿Tazas?


— ¡Litros!


Dora se retiró a hacer sus compras temprano, ya que los tumultos en cualquier centro comercial o juguetería son dantescos. Él permanecía en la oficina. Ya no contestaba el teléfono, el último «¡Por supuesto que no!», auguraba una revolución parecida al catorce de julio francés con una fuerte dosis de primavera de Praga, su esposa había obviado parte del proceso de angustia por no tener juguetes y estaba instalada en la ira más abyecta desde las tres de la tarde.


Así como las rosas languidecientes del día de los novios, los políticos en quinto año de gobierno o los pinos más calvos de diciembre; los juguetes que no superan la curva de la opinión infantil, que de plano ya no son de moda, a eso de las cinco de la mañana, están en oferta a un precio muy parecido al real, si además es una imitación, pues son más baratos aún.


Finalmente el reloj pudo distinguir entre un día y otro. Se encaminó en su automóvil hacia el centro de la ciudad, «¡a ver qué rayos conseguía!» Los aparadores estaban auténticamente al alcance del bolsillo de un empresario millonario, pero los estanquillos se mostraban un poco más amables, sin embargo las piezas tecnológicas que sus hijos solicitaban por juguetes estaban a los años luz de sus cincuenta, equivalentes a la distancia entre la tierra y la estrella Alfa Centauris.


Era una subasta, había que correr de aquí para allá, argumentar que un puesto lo ofrecía más barato, o que en aquél lado estaba mejor cuidado… Los dependientes hábilmente entrenados no se dejaban engañar. Alguien gritaba una marca de un juguete, y desde la esquina se oía: «¡compro!». La fluctuación de los juguetes en las calles hacía parecer cosa de niños, la cotización del mercado de valores.


Estaba observando unos juguetes de regular aspecto, cerca de una señora, ella ya se había decidido y con una actitud, muy parecida al camaleón, que tuerce sus ojos de manera tal que uno apunta al norte y otro al sur, la señora deslizó sus manos hacia el bolso. Lo que había sido toda una negociación acabó siendo un duelo, un joven sacó una navaja, y amenazó a la señora que se quedó paralizada… Un grito y el maleante se hacía del dinero ajeno…


Como un mono se abalanzó sobre el ladrón, sacó la pistola y la colocó en la cabeza del truhán, con señas indicó a la señora que lo siguiera, la navaja de afeitar en que se había convertido el arma del asaltante cayó al suelo. Con la mano haciéndole nudos el brazo por la espalda, lo empujó, seguidos ambos por la víctima; el ladrón se quejaba. La muchedumbre le abría paso mientras vociferaba — ¡Policía, policía!


Llegado a una esquina encontró al uniformado que por hacer guardia no sería identificado por sus hijos como rey mago.


— ¡Compañero!, ¡Compañero! — gritó


El aludido se acercó, una breve explicación le bastó. Le revisaron los bolsillos.


— ¿Cuánto le quitó señora? — preguntó a la víctima


— Doscientos — dijo ella, exagerando lo más que se le ocurrió


Sacó del bolsillo del maleante un grueso fajo de billetes de diferentes denominaciones


— ¡Ahí están!, a ver, compañero, esto es para usted... Del fajo salieron varios cientos más.


— ¡Gracias, mi jefe!


— ¿Cómo pudiste comprar todos los regalos, mi amor? — preguntó su esposa visiblemente impresionada por la habilidad de su marido.


21 de mayo de 2025

El PAPA, Antonia y las gelatineras.

Antonia, pasa por la casa con su mercancía poco después que el sol sale; "han de pasar de las siete"  piensa en invierno, si aun hay estrellas o luna en el cielo; o si el sol salta a un lado de los volcanes. Trae a nuestra vivienda toda calidad de mercancía: unas veces la lata; otras,  el estropajo; unos tomatillos y los chilitos para la salsa verde; Acaso hemos vivido unos chiles poblanos y unos chocolates rellenos... ¡Ese asunto de los chocolates es emblemático! consumía yo chocolates para subir mi energía... cuando carezco de tal producto me duermo en siesta demandante al medio día (bueno después de la una y antes de las tres) Ya llevaba varias siestas y le comenté a mi hermana la conveniencia de adquirir aquel chocolate de marca y consistencia favorita. El caso es que Antonia se presentó con unos chocolates rellenos de cerezas en licor, de marca dudosa, pero china; de ahí nació la idea de pensar con alta determinación (todos los de casa)  en nuestras necesidades de momento, para que Antonia evitara una molesta visita a la tienda de abarrotes.
Sea casualidad o la Providencia Antonia llega con los anhelados chocolates, los jitomates, las cebollas o el ajonjolí para el mole; en ocasiones llega con artículos disparatados (un ramo de flores artificiales) entonces meditamos seriamente en nuestra falta de fe.

Antonia es católica, como yo quisiera; analfabeta se acuerda de las Sagradas Escrituras y sin conocimientos aritméticos ni contables lo mismo suma resta, calcula la inflación y el ISR, si le preguntas. Además domina la cultura católica; órdenes, clero diocesano, el asunto de las acólitos y los que pueden hacer liturgia de la palabra. Cuando se enteró de mis lesiones en la cabeza pidió misas a mi nombre; no sabiendo, como no sabe, escribir... aprendió mi nombre además de llevarlo escrito y eso fue porque viendo mi letra supo que nadie más que yo ( a veces) puede distinguir mis "zetas" de mis "aes" ("yes", "ges" y "jotas" se parecen mucho a mis "emes" y "os")

Durante el cónclave que resultó con la elección de S.S. León XIV estaba muy preocupada por que fuera a quedar "el negrito"; Así que una vez que quedó el Gringo (¿Cómo gringo peruano?) quedó un poco más tranquila.

Sin entrar en muchos debates teológicos, antropológicos y religiosos invitó a mi hermana,y ella a mí, y yo a ti a rezar diario, a las seis y media,  un Padrenuestro por el PAPA, todos los días... ya somos una comunidad con Antonia, su amiga la gelatinera y el sindicato gelatineras de Tlalpan, que aceptaron de buena gana formar cofradía con Antonia.

22 de febrero de 2021

Incertidumbre

 Incertidumbre


¿Será que la última vez que nos vimos, será la última?

En el ajetreo del día a día nos hemos distanciado lo suficiente

para que no sea agonía no verte a diario

pero seguimos siendo importantes, queridos, caros...

tanto que será un gran pesar, no volver a verte.


¿Será que la última vez que hablamos, será la última?

Recuerdo tantas anécdotas, pero ninguna de ayer o antier;

superas por mucho a los conocidos de los que no tengo anécdota alguna 

y a los vecinos esos que veo salir con los buenos días,

a los que veo regresar con las buenas noches.. eres más

No tengo inquietud por no volverles a saludar o despedir...


¿Será que la última vez que nos escribimos, será la última?

No asistiremos a nuestros sepelios a pesar de ser importante

pero no estás en el imaginario de mi albacea, ni yo en el del tuyo.

Quizá con pena, quizá por cortesía alguien me dirá… alguien te dirá

y con melancolía mirarás o miraré el obituario, la foto conmemorativa…

Cada día será elástico, lo suficiente para recordar sin extrañar

lo suficiente para arrepentirnos de no concretar aquella cita…


Y te podría contar mis laberínticos sentimientos

Tú me dirás: ¡Nos veremos, nos hablaremos, nos escribiremos!

con toda sinceridad...

Me podrías contar tus laberínticos sentimientos;

yo te diré: ¡Nos veremos, nos hablaremos, nos escribiremos!

con toda sinceridad

y cuando lo digamos no diremos que en realidad no sabemos…

¿Será que esta vez sea la última vez?


30 de abril de 2020

El último de su clase

Mirando la entrada de aquella vetusta y lúgubre cabaña experimentó repentina debilidad, era como si sus piernas hubieran cobrado voluntad propia y se resistían a continuar el camino; el ritmo cardiaco según lo indicaban sus dispositivos estaba inusualmente rápido y empezó a sudar, pues su cuerpo había tomado una alta temperatura. Instintivamente volteó el rostro para mirar a sus tutores, que seguían su aventura desde sus hogares... las cámaras volantes lo tenían enfocado de espaldas, situación que cambió rápidamente. Cada uno de ellos se hizo presente en su dispositivo y le animaban a continuar, alentándolo. Sonrió y para sus adentros se arrepintió de todas sus arrogancias.
Quizá era su incapacidad para admitir estar equivocado era mayor que esta pasión que le invitaba a correr del lugar, así que llegó hasta la puerta del edificio y recordó: «Tengo que golpear la puerta»... miró detenidamente el lugar y notó que había un cordón del que pendía un objeto pesado, como péndulo... «esto puede ser una campana», tiró de ella y se alejó un poco de la puerta, había leído que algunas podían abatir hacia afuera, golpeando al visitante.
Al cabo de unos minutos la puerta se entreabrió y dejando ver a la criatura. Era rechoncha, andrajosa, pestilente y sucia... alcanzó a mirar parte de una enmarañada cabellera.
- ¿Quién eres, qué quieres aquí? ¡No tengo nada, ni comida, ni ropa, ni nada!
- ¡Pretendo conversar!
- ¿Conversar?
- ¡Sí! es una tarea encomendada...
- ¿Quieres conversar conmigo frente a frente?
-¡Sí!
-¿es un castigo a tu insolencia?
- ¿Castigo? ¡No se lo que es un castigo! Resulta que he dudado de las instrucciones que recibo y según el sistema de consecuencias he de conversar contigo.
-¡Es un castigo!- sentenció la criatura- bueno, no será la primera vez que conversar con alguno de ustedes no sea un castigo para ustedes, pero como hace tiempo de no converso... será interesante. Siéntate en aquella piedra o mineral... no se como le llamen ustedes... ya salgo y dile a tus ocho tutores que se alejen, de otra suerte no conversaré
Mientras se sentaba las cámaras volantes se alejaron y poco a poco la criatura salió de su hogar. Los que vendrían a ser los pies tenían los famosos zapatos de los que tanto había escuchado y sí, constantemente tocaba el piso, irremediablemente atraído por la fuerza gravitacional...
-¿De qué quieres conversar?
- Cualquier tema
- ¿no vas a entrevistarme?. Claro, ya lo saben todo... que matamos para vivir... somos como animalitos para ustedes...- abrió los brazos y extendió las manos ¡Tenía cinco dedos! mientras exclamaba ¡Ah! y abriendo los ojos desmesuradamente
- ¡Guau!... realmente tienen cinco dedos
- Así que eres un «matadito» y lo sabes todo... porque ustedes se convirtieron en lo que son y nosotros desapareceremos en cualquier día de estos
- Y es muy interesante porque somos sus descendientes...
- Pues no, ustedes son otra cosa... tanto tiempo se la pasaron en cautiverio de pandemia en pandemia que se fueron convirtiendo en lo que son. Primero dejaron de ir a los bares; luego dejaron de ir por las tortillas... Mientras nosotros hacíamos todo, recogíamos la basura y tirábamos a los muertos y moríamos con tanto virus y bacteria... primero las chinas, luego las indias, luego las mexicanas... ustedes no se asomaron ni a la ventana, todo llegaba a sus casas. Ahora todo lo hacen en sus panales, intercambian fluidos por tuberías y no saben quienes son los que comparten el mismo material genético... claro ya no tienen riesgo de endogamias ni nada de eso... No, no eramos lo mismo cuando eramos lo mismo y ahora ustedes, tú, son otra especie... ¿sapiens sapiens sapiens? ya ni mamíferos son, ni siquiera tocas el suelo y no sabes lo que es comer algo que alguna vez estuvo vivo... comes piececitas lego... en tu impresora doméstica... tu mascota es un robot y tus tutores unas imágenes en pantallas... ¿has tocado algo vivo en tu vida?... ¡Toca mi lengua!... es rosa. está húmeda... ¡ah!- empezó a bailar a su alrededor- son todos tan sensatos y aburridos... nosotros estamos a punto de extinguirnos por hacer mandados, ustedes nunca serán demasiados, hay una computadora que dice cuando algo nace... ¡mirate! tres dedos en las manos, cuatro en los pies, ojos de gato, piel azul (blanca, pues no les da el sol, azul por las venas) la cabezota como de pulpo, y todos escuálidos.... ¡Ah!_ volvía extender los brazos y las manos, mientras bailaba- nosotros queríamos viajar a las estrellas y encontrar a cosas como ustedes en otros planetas... ustedes viven en un panal, sin tocar el suelo, si aspirar a llegar las estrellas... eso sí, todo está muy controlado... ¡No, no somos ancestros de ustedes! nosotros eramos otra cosa ¿que quedará de nosotros en esos cromosomas?... ¡Pensándolo bien, no quiero conversar!
La criatura se volvió a su cabaña con determinación, tocando el piso alternadamente con cada pie... abrió la puerta con violencia y entró dando un portazo tras de sí...
Las pantallas volantes se hicieron presentes
- ¡Tienes que regresar!
-¡Corres riesgo, el humano podría intentar matarte y comerte!
- ¡Qué interesante!- comento el estudiante- para vivir tenían que matar... y yo tengo emociones, aún.

30 de diciembre de 2019

Guía definitiva, suprema e inigualable para los propósitos de año nuevo

Presentación

Todos hemos lidiado con hacer una lista de propósitos de año nuevo, aun aquellos que dicen: "Yo no hago una lista de propósitos o metas"... ¡La traen en la cabeza!.

La siguiente guía favorecerá que tengas algún avance que te haga sentir satisfecho y refines tu propio método, ¡Quién sabe si cuando cumplas 59 años puedas hacer una mejor que las que hice!.

Esta guía corrige la mayoría de los esfuerzos conocidos y aun los misteriosos, por ocultos que sean tus verdaderas apetencias....

Guía

1. Proponte una meta, solo una y global. Muchas personas batallan porque quieren leer doce libros, hacer ejercicio, bajar de peso, viajar, enamorarse y ahorrar. Es común que encuentren que todas esas metas se contraponen unas con otras. Es mejor proponerse una meta que englobe todo:

Ejemplo: 

Participar en La Carrera de San Silvestre en Sau Paulo el 31 de diciembre de 2020. (tienes que ahorrar, hacer ejercicio, cuidar tu dieta, viajar (sobre todo si no vives en Sau Paulo), leer sobre atletismo y es posible que te enamores en el viaje -sobre todo si vas a Sau Paulo-)

2. Diseña un plan marcando los hitos (fechas significativas) que sean clave en alcanzar tu meta, los hitos suelen comprometernos con la meta: Contar con los requisitos para inscribirte a la carrera, contar con la documentación necesaria para viajar a Brasil... etcétera)

3. Comenta con tus amistades y familiares la meta (esto te compromete con ferocidad pues no faltará el Gerardo que te hostigue gratuitamente) Aggiorna la información mediante reuniones periódicas, en las redes sociales (publicalo en alguna página o en un canal de vídeos) y registra todos tus avances y contratiempos


4. Es posible que no logres el gran objetivo: Correr en la Carrera de San Silvestre de Sau Paulo, quizá te contentes con ir a Vallecas, Berlín, Londres, Oporto, Roma u otra competencia el mismo día... o quizá mudes de día...(hay muchas competencias pedestres cada mes del año) pero es muy probable que logres avances más importantes como aprender sobre dietas, planes de ejercicios. ¡También puede suceder que logres enamorarte!...sin tanto plan.

4 de diciembre de 2019

Conductas supervivientes

La Ciudad de México tiene más de ocho millones de habitantes y existen cuatro millones más que avecindados en la zona circunvecina vienen a trabajar, estudiar y divertirse. La extensa mayoría de los famosos del país vive en ella o la visita constantemente y aun así resulta raro toparse con alguna celebridad en las calles. Tantas personas que acaban por ser anónimas todas las personas.

Es por ese anonimato que resuelve uno tratar a la persona por lo que representa y de ahí la conveniencia de disfrazarse según la ocasión. Contar con un transporte lucidor, indumentaria de moda y perfumes reconocidos; un buen corte de cabello y los accesorios convenientes te hacen más accesible ciertos espacios. En otros habrá que usar mezclilla, camisetas y zapatos tenis... No dudo que los más audaces lleguen a usar batas y pijamas de médico ahí donde son más comunes y alcanzar trato de médico.

Pese a este ambiente frívolo, vano y superficial no deja de llamar la atención que aun es posible encontrar ciertas conductas propias de las comunidades civilizadas de la especie humana. No sin tesón y arduo ejercicio pormenorizaré algunas e invito al lector entusiasta agregue las que considere, en un afán adventista sea modo de celebrar el final del año.

El servicio en la mayoría de las cantinas. 
Quizá las peores cantinas son las más famosas, como la Ópera o la Número Uno; aun así gozan de un aceptable servicio. En cualquier cantina se encontrará la mesa limpia, el trago presto, la botana atractiva y los juegos de mesa sin cargos, así sean dados o dominó.

Se agradecen los buenos deseos de ingesta
El comensal callejero o el que en fonda acude, suele agradecer los deseos de “Buen provecho” y todavía es costumbre, incluso en mercados y puede suceder en restaurantes de clase mundial.

La llanta sin presión y la puerta sin asegurar.
Otra cortesía habitual es comentarles a los automovilistas que la llanta de su vehículo “está baja” o que “la puerta no cerrada herméticamente”.

Pasar el pasaje desde el fondo del vehículo.
Los vehículos de pasajeros en horas pico suelen estar abarrotados y no es raro que una persona los aborde por la parte posterior, pidiendo a la comunidad que pase su pasaje, incluso con un billete; el chofer no solo recibe el precio por el pasaje sino que regresa el cambio y es rarisimo que alguien se quede con el dinero.

Tomar una fotografía
Sean turistas o citadinos buscando encapsular un momento no he visto empacho alguno de las personas a tomar una fotografía a quien así lo solicita.

Auxiliar a las personas con bastón o en silla de ruedas
Aunque no falta ocasión en que las personas son omisas para ayudar a una persona ciega, que renguea o que se transporta en silla de ruedas, la gran mayoría de los chilangos no pone reparos en ayudar a las personas que tienen alguna desventaja permanente o temporal.

Responder al saludo
Aunque cada día es menos fácil que algún transeúnte nos desee los «buenos días» es todavía fácil que le respondan el saludo, sobre todo si van acompañados de infantes o de mascotas.

Ceder el paso al ciclista
Recientemente los automovilistas y choferes suelen dar vía libre a los ciclistas, así sean vendedores de tacos o tamales. Supongo que los comportamientos se van ajustando a las necesidades de la gran urbe.

19 de septiembre de 2019

Falta Amor

El segundo álbum de Maná, banda de rock pop mexicana, se llamó «Falta Amor» título de uno de los tracks y estaba dedicada a los niños de la calle que por ese momento eran notorios en las urbes mexicanas.

En los últimos años del siglo pasado los «Niños de la Calle» saltaron a la fama. Había famosas pandillas por la ciudad por sus desmanes como los que operaban en el crucero de Avenida de los Insurgentes y la calle de Amores... tales catervas de infantes y púberes se la rifaban limpiando parabrisas, vendiendo dulces, pidiendo limosna, haciendo malabares, arrojándose sobre vidrios de botellas en los pasillos del tren urbano, cantando en los camiones de pasajeros,  drogándose con «cemento» en la calle, pidiendo cigarrillos o asaltando jóvenes distraídos (incluso adultos precavidos).

Una mirada romántica de historias rosas se desató por los medios disponibles y sus biografías como sus aventuras envenenaron a periodistas, novelistas, pintores, poetas, cantantes y trovadores... Los niños de la calle se hicieron celebridades populares.

También se hicieron célebres los héroes que empezaron a atenderlos, como el conspicuo padre Chinchachoma quien fundó al menos quince albergues para niños en el desamparo.

Hoy día los transeúntes no miran a tantos púberes en las calles, comiendo en los pasos a desnivel o abriendo una alcantarilla de válvulas de agua potable donde pernoctar. 

Parece ser que ya no padecen hambre o falta de refugio, hoy día y se les puede ver posando con sus armas largas en fotos en las redes sociales como sicarios de «El Mencho».


13 de mayo de 2019

Misterios gozosos

Acto de contricción

Voy al mercado porque puede ser que te sorprenda, es una ilusión; que haya algo fabuloso: un juguete que no se pueda comprar, una película que no se deba ver, una indumentaria que jamás me pondría...

Voy al mercado porque puede ser todo más barato... depende de tu ojo, de tu relación con el mercader; de lo importante que pueda ser la compra.

Tengo que reconocer que también voy a los mercados ambulantes porque soy tacaño. ¿Por qué he de pagar una zanahoria a ese precio? ¿Por qué debo aceptar un paqute que tiene un jitomate verde?

Voy a los mercados por avaricia, quiero tener los mejores duraznos; por goloso, que se antojen de solo verlos; por hedonista, que huelan y se sientan como ninguno otro.

La única pasión que parece que no está presente es la pereza. Ir al mercado es un dechado de diligencia, pero la pereza está: odio hacer filas para pagar, para que me pesen la mercancía, para que me atiendan en los lácteos.

En el mercado no hay filas: Hay tumulto, hay influencia... si soy buena compra, me atienden antes... ¡ah,  eso es soberbia!

Primer misterio: La anunciación

Y con los pregones del mercado quieren hacer una venta y gritan con ingenio; unas frases hechas, otras improvisadas: ¡Lleve sus mandarinas! ¡Aquí le tengo todo su mandado! ¡Le cuido a su señor, mientras compra! ¡Pruebe y quede convencido! ¡Chéquele y verá que regresa! ¡El mejor mango! ¡Le vendo desde una lechuga hasta mil toneladas!

Segundo misterio: La visitación

En ocasiones hay que arriesgarse, mirar a otros puestos. Sin causar mucha expectativa. Quizá convenga observar solo los precios que están en cartones aquí y allá. Preguntar la procedencia: "¿de dónde son los limones?" y el otro dirá que son de Michoacán, si son buenos o de Colima, si son baratos.
También hay que acercarse a los puestos que han sido descartados en el pasado, pudieren haber entrado en razón y vender "la vaina para canarios" en manojos grandes y baratos, otra vez.

Tercer misterio: La navidad

Y cuando son fechas especiales el mercado se transforma... si es diciembre hay luces y adornos, mandarinas, limonreales y limas; hay jícamas de las chiquitas y cañas partidas para el ponche... si es febrero, corazones; si es marzo, mangos; en mayo flores para las madres y camisetas deportivas del campeón... cada mes tiene su devoción en la capilla y su exclusiva mercadería... y el que pide zapotes en julio... ¡no es de aquí!

Cuarto misterio: La presentación 

Y el estar en el mercado se extiende hasta el regreso a casa, donde el gozo se acrecienta al revisar la mercancia, ver cuanto dinero se aprovechó, si se gastó menos o mejor, si se encontró una oferta o se satisfizo un capricho.
Regresar del mercado, con todo y el cansancio es otro gusto.

Quinto misterio: El niño perdido

¡Ay, las decepciones. Ay, los olvidos!
Es cuando descubres que no compraste todo, que dejaste una bolsa en el puesto, que no te dieron el cambio completo; cuando quizá olvidaste la cartera, perdiste una licencia... Aunque hay días que alguien te tiene el reembolso o tu identificación todavía, unas horas después... hasta una semana...

Las Aves María de la promesa

Y en ocasiones queda uno con el mercader, que le tendrá fruta madura; que le tendrá la refacción o los lápices de colores de esos colores; puede ser que todavía encuentre naranjas en noviembre (de las amarillas), mandarinas en mayo o huevos de serpientes, nada más las encuentren.

Letanía

La lista del mercado está viva, cada semana se depura de poco en poco. Hay cosas que ya no vale la pena comprar: porque uno crece, porque uno madura o porque envejece o quizá, para las que uno muere.
Aunque todavía hay un niño en mí que suspira por un juguete, un juguete que no conviene comprar.
Ahora recuerdo que voy al mercado por una ilusión.


8 de mayo de 2019

Justeza social.

Exhacienda de Coahuixtla, Morelos

«Nadie tiene derecho a lo superfluo mientras alguien carezca de lo estricto»
Salvador Díaz Mirón


Por las mañanas «El comisionado» tenía una rutina estricta: salir a la hora precisa con su esposa y sus hijas en un solo vehículo, seguidos por escoltas y autos de reemplazo; primero a un colegio, luego al otro. Si su señora tenía un compromiso y dependiendo del propio se apeaban o cambiaban de auto. En cada momento se despedían con cariño y era conmovedor ver cómo se despedían. Parecían perros.

Por las tardes regresaban cada uno en diversos vehículos. A veces la madre llegaba primero, otras la niña pequeña siempre seguida unos minutos después, por la mayor. El comisionado podría llegar a cualquier hora.

Tenían pues sendos vehículos y escoltas, todos armados hasta los dientes y con chalecos antibalas; los autos perfectamente equipados para el manejo defensivo y agresivo, según el caso. La residencia donde habitaban también estaba perfectamente guarnecida y abastecida... un precioso jardín, un inmaculado césped... Aunque la colonia donde vivían no era de menesterosos, sino lo que suele llamarse «personas bien» era la residencia más llamativa, más iluminada, mejor pintada y mantenida.

Los de la otra colonia, la de «a lado» vivíamos de «El comisionado» y de sus vecinos. El que no requería un jardinero precisaba un plomero; era necesario un electricista para adornar el jardín con luces o unas mucamas para el arreglo de las camas; lavanderas para la ropa y los que tripulaban sus autos... choferes entrenados.

El médico de «El Comisionado» atendía en un consultorio a los que nos vivíamos cerca; solo que siempre tenía prioridad él y su familia. También el veterinario, cuando no atendía las mascotas miraba por las bestias de otros: además de perros y gatos; gallinas, patos y gansos que por ahí se criaban.

Había quien se especializaba en las reuniones y festejos; payasos, saltimbanquis, los que rentaban inflables o juegos para niños, adolescentes o adultos... y todo ese ejército de proveedores a su vez sentía hambre o antojo para lo cual no pocos la emprendieron en poner anafres y estufas para ofertar antojitos y comidas completas, según el caso.

Y había momentos en que la colonia de los ricos nomás era habitada por los pobres. Unos uniformados aquí, otros allá, pero de patrones nada: que andaban viajando de comisión gubernamental o de negocios de altos vuelos y se llevaban a la familia; incluso algunos vacacionaban varias semanas.

Todos vivíamos de ellos, pero los odiábamos. Unos más, otros menos; También estaban los que les respetaban y querían, eran los menos. Pero todos queríamos vivir... ¡no como ellos!, pero si mejor de como vivíamos y no peor... porque por su culpa de ellos, los había quienes tenían que escoger que hacer con su dinero: O comprar medicinas o transportarse; transportarse o comer; comer o ir a la escuela. Por su culpa de ellos, había quien tenía que escoger que hacer con su dinero.

Pero hasta los que tenían que escoger vivían de ellos. Nos enteramos luego.

Vinieron aires de libertad y ahora podíamos elegir quién era quién en el poder. Nos fuimos poniendo de acuerdo de apoco. Muchos debates pero al final elegimos a uno que justo decía que no iba ya a tener tanto dinero «El Comisionado», ni sus vecinos. Con el dinero que ellos derrochaban ahora iba alcanzar para que los demás viviéramos ¡No como ellos! pero mejor de cómo vivíamos y los que vivían peor, menos peor.

¡Y que votamos todos y que gana el ganón!.

Al principio no hubo ningún cambio, pero se sentía en el aire que todo iba a cambiar... «El Comisionado» se quedó todavía algún tiempo, pero empezó a cuidar sus fierros y ya no traía tanta escolta, ni tanto coche, ya no requirió al médico, ni tanta mucama; luego resultó que su señora se aficionó a cuidar sus plantas y él sus coches. Las niñas empezaron a ir a una escuela más cercana... ¡Y nos daba mucho gusto! por que así, también nos iba a ir tocando un poco más, aunque de momento fue un poco menos... porque lo que se ahorraba «El Comisionado» y sus vecinos no era que lo perdiera, nada más ya no lo gastaba en nosotros.

Llegó el día que se mudó «El Comisionado» y era entonces cuando pasamos de estar esperanzados a decepcionados porque desde entonces todo empeoró y cerraban fondas, se apagaron fogones y cerró la estética, la peluquería y la que «pelaba con paisaje» también se peló; ahí pasamos de decepcionados a desesperados.

Y ya no estábamos tan contentos, porque ya nadie nos contrató, ni para trabajitos y los que aspirábamos a vivir mejor, ya andábamos viviendo peor y los que peor, mucho peor y los que de plano vivían mal, pues ya no vivían... eso sí: ni mejor, ni peor.


20 de marzo de 2019

Sobras, nada más...

Ha pasado tanto tiempo que resulta una leyenda el día ese del asado específico; debió ser un cumpleaños de mi madre, una fiesta guadalupana o de fin de año... Mucho hemos discutido en familia ese hito, pero resulta difícil establecerlo con claridad. Esa legendaria comida fue basta y opípara, hubo para todos y hubo quien cargó «itacate» pero fue tan sobrestimado el consumo que empezamos a comer «recalentado» y luego algunas variantes para aprovechar las sobras.

De ese modo empezó una larga secuencia de compras parciales para ir acompañando lo que quedaba tan solo para provocar más excedentes... del asado vino el guiso, de las frutas las aguas y las mermeladas y de los vinos las garnachas... Cada día sobraba algo, así que para evitar el desperdicio comprábamos algunos víveres adicionales para aprovechar los sobrantes... y cada día algo quedaba..

Sí, claro, el plato fuerte original era un dechado de arte culinaria, pero desde entonces: nada, un desfile de menjurjes que arremedan recetas con algún toque estrafalario: revoltijos, moles, chilaquiles, ropa vieja, manchamanteles... todos en versiones de sobras, con salsas extrañas y combinaciones audaces...

Han pasado varios años y siempre hay algo que parece evocar el festín original de tal suerte que al mirar ciertos postres uno tiene esos pensamientos de sibarita traicionado: «Esa capirotada... ¿Cuántos años tendrán sus ingredientes?»

6 de febrero de 2019

La pasión que consume a Andrés Manuel

En la colonia por donde vivo hay muchos árboles frutales, así a la vera del camino; proliferan los nísperos que dan fruto en los primeros meses del año, pero no extrañan los granados, los aguacates, las tunas... hay un plátano, varios perales y limoneros. Árboles de naranja y chayoteras.

Muchos de estos árboles están en los predios de cada vecino y (salvo los nísperos que están por todos lados) no falta un improvisado aviso en alguna casa, según la temporada: «Se vende limón», «Se vende naranja», «aguacate»... «granadas» etcétera... Adosada a una barda de mi casa una vecina tiene su granado... no es pequeña, la barda que nos separa mide más de tres metros, pero la granada se las ingeniaron para asomarse a mi casa y en tres predios.

La rama que asomaba a mi casa, generosa nos regala tres o cuatro granadas justo para hacer Chiles en Nogada en agosto y septiembre... así que eran bienvenidas y temo decir que no me tomé la molestia de irle a agradecer a la vecina los obsequios año tras año... Sí, estaba al tanto que ella vendía las granadas, un tanto más caras que las del mercado, porque eran enormes.

Hace un tres años mi vecina cortó todas las ramas que se salían del predio, dejándonos sin obsequio, lo que tampoco le fuimos a reclamar , pero la granada volvió a crecer y agradecida por la poda dio muchos frutos y nos obsequió a los vecinos circundantes muchas piezas, así que vi la ocasión de irle a comentar a la vecina de la bendición que era tal árbol y que me parecía bien compensarle por las que caían en mi terreno.

Quedé sorprendido con la violencia con la que me reprendió, me arrebató la granada que llevaba de muestra y me dijo: «Todas las granadas, todas, son mías»... Está de más decir que fue un poco triste su reacción. Si me hubiera pedido colaboración para mantener la granada, seguro que hubiere cooperado... De hecho, con esa intención iba a verla.

Al día siguiente oí instrucciones de una cuadrilla de jardineros, sierras y luego la caída de un árbol, me asomé y había quedado en el patio una rama con frutos verdes. Intrigado fui a visitar a la vecina.

Estacionado enfrente de la casa de mi vecina estaba el camioncito del jardinero que atiende a varios vecinos, cargado con el granado, sus las ramas con frutos verdes, sus raíces... lo sacó de plano. Pensé que el árbol estaría enfermo y me puse a revisarlo, cuando ella salió... ¡Hecha una furia!

-¡Ni piense en tomar una granada!

-¡Pero si las está arrojando a la basura!- le dije, reaccionando, aunque el asunto era que no veía que el árbol estuviere enfermo...- pero en realidad solo quería saber porqué derribó la granada, si además vende cada año lo que no consume.

- Yo hago lo que se me antoja con las cosas que están en mi casa

- ¡Va a perder!: lo que ganaba vendiendo las granadas y ahora va a gastar para comer las que venden en el mercado

- ¡Pero ni usted, ni su familia, ni los vecinos de al lado van a seguir robándome mis granadas!

- Ya nadie tendrá granadas de ese árbol: lo mató.

- Pues ¡es mi gusto! y que usted y todos los que me rodean ya no se sigan aprovechando de mi... además me voy ahorrar mucho dinero

- ¿por los baldes de agua que ya no le va poner a la granada?

- ¡No!, me voy ahorrar las granadas que ya no se van a comer ustedes.

- Pero usted ya no va comer, ni vender grandas tampoco- le dije

- Pues sí, yo pierdo, pero lo que me alegra el día es que usted ya no gana. ¿eh, qué tal, eh? ¡Viejo deshonesto!

- Me parece absurdo que haya sacrificado su granada, sus ingresos solo para que yo y otros vecinos no puedan comer de ese árbol... ¡mató el árbol!

-Pues... ¡ya ve!

-¡Ya veo, que fea es la envidia; mata el alma, la envenena!

31 de agosto de 2018

¡Guerra, guerra....!, ¡Patria, patria...! ,¡Ciña oh patria!...

Después de los honores a la bandera, los de todos los lunes, la maestra de tercero de primaria y que era la encargada de las ceremonias cívicas ese año no dejó que entraramos a los salones de clase. Nos ordenó escucharla en posición de descanso un merecido regaño que valió muchos ensayos en el salón de clase.

Todos estábamos preocupados por las consecuencias de nuestro comportamiento y cuando digo todos me refiero al alumnado de la escuela (aunque también algunos profesores se miraban unos a otros con preocupación y culpa). Nuestro pecado era no sabernos de manera exacta el Himno Nacional, unos empezamos a cantar una estrofa y otros otra...¿Cuál va primero, si son tan parecidas y dicen cosas tan extrañas?

El regaño de la profesora Elvia fue un gran y grave detonador en mi vida, su discurso apasionado definió buena parte de mis decisiones académicas, sociales, económicas y políticas desde ese entonces hasta la fecha.

"¡Cómo es posible que la Emperatriz Carlota, una extranjera, haya querido más a México que ustedes!"- exclamó con vehemencia- ¡Ella enseñaba el himno a los niños en México y ya desterrada, viuda y desquiciada lo seguía cantando en medio de sus alucinaciones y locura!

Todo ese regaño me intrigó sobremanera: ¡Hubo en México una emperatriz y las personas "enloquecen"!... Semejantes datos me llevaron a preguntar, leer y investigar cuanto pude de "El Segundo Imperio" y como consecuencia del primero... (En realidad el primero es el tercero; el segundo, cuarto y el primero fue el maya). Y además todo lo que pude de la locura (que no es una, sino un montón de enfermedades mentales)

Eso sí: sigo confundiendo las estrofas del himno ¿Cuál va primero "¡Ciña oh patria tus sienes...!" o "¡Patria, patria tus hijos...!"? Aún no se quien es "Masiosare" y para qué hay que "prestar el acero y el bridón..."

26 de junio de 2018

Carta abierta a Pintito, Diablo y al que cruzó el río o El arte de permanecer en incertidumbre

Queridos: Pintito, el hijo del tigre; Al que más sabe por Viejo, que por Diablo y al que arriesgó y cruzó el río...


Permanecer en la incertidumbre parece una situación indeseable, no pocas veces clientes, amistades y parientes me han manifestado su incomodidad: «¡Que pase lo que sea, pero que termine esta zozobra!». Desconocer las consecuencias parece una situación todavía peor que el escenario más tétrico.
Una persona está realmente angustiada esperando el fallo de un juez, el diagnóstico de un médico, las calificaciones que un profesor obsequie a un examen, que la autoridad otorgue una licencia o el acuerdo y firma de un contrato.
Durante la espera anticipamos las más nefastas soluciones en conjunto con las mejores; miramos una y otra vez la información con la que contamos, hacemos ejercicios de memoria para confirmar si dijimos y escribimos lo correcto. Tal suplicio, por breve que sea, parece interminable y no son pocas las ocasiones en las que nuestra insistencia por obtener respuestas logra la defenestración, cuando esperábamos el ascenso; la reprobación en lugar del diez; el repudio, en lugar de la admiración o el fracaso, cuando aspirábamos al éxito ¡Justo lo que no queríamos que sucediera!.
Sin duda imaginar la catástrofe puede ser muy útil para estar listo en situación tan apremiante, pero también es prudente considerar como aprovechar las condiciones convenientes y las que juzguemos como intermedias.
Mientras acontece lo mejor o lo peor, si bien es conveniente explorar nuestras opciones es un error iniciar el avituallamiento o dar los primeros pasos del plan para encarar lo peor, pues tiene tan buenas ocasiones de ocurrir lo mejor como lo inesperado.
Hablar sobre otros temas, leer sobre tópicos trascendentes, revisar el pasado y hasta dedicarse a otras tareas pueden ser maneras provechosas que hacer en lugar de rumiar una y otra vez las consecuencias, tan improbables todas, tan posibles todas.
Antes de adelantarnos a los acontecimientos habrá que estar en la mejor disposición para encarar cualquier situación. A menudo me ha ocurrido que el escenario que esperaba como más catastrófico lo pude sortear (casi mientras canturreaba: "Creo que no era para tanto") Aunque la verdad sea dicha: Siempre me he preparado para lo que no sucede y he tenido que improvisar a la hora de los cocolazos.

Aprovecho la ocasión para saludarles con cariño.

El que ríe al último.


3 de marzo de 2018

¡Gracias Pepe Meade!

Por aquellos días, en los que asistí a la escuela de educación primaria, el modelo educativo estaba basado en un principio simple, claro y contundente: «La letra, con sangre entra». Algunos de mis profesores eran vanguardistas en temas de educación y estaban convencidos que muchas veces bastaba con amenazar a los párvulos.

Esto podrá parecer un trato salvaje e inhumano aunque de habernos conocido cuando niños seguramente concordarían con nuestros preceptores: tal violencia era apenas justa. Lo cierto es que la moda era ser gandallas con quien se pudiere y un flanco por el cual fuí atacado constantemente fue mi apellido. Cada vez que pasaban lista los compañeros hacían bromas, sobre todo si el profesor era renuente a cualquier anglicismo... Ya olvidé las veces en que me lié a golpes por las burlas sobre mi irlandes patronímico, pero fueron muchas y constantes hasta el último año preparatoria.


Las mismas bromas, mofas, albures y rimas forzadas me han perseguido desde entonces en todos los ámbitos de mi vida... novias despechadas, celosas o claramente engañadas; compañeros de trabajo envidiosos o justamente agredidos; patrones  y jefes molestos por mi diligencia y obediencia; colaboradores que competían conmigo y sintieron que les hice trampa o a los que les caía mal por mi encantadora humildad; personas que fueron mis empleados o subordinados que no entendían nada del capitalismo salvaje; Discípulos que aún no se dan cuenta que los exámenes son una experiencia didáctica; Varios de mis ex-socios que todavía creen que tienen la razón; alguna persona que cree que «el cliente siempre tiene la razón» o un proveedor que supone le pude pagar antes. Mis senseis, mis confesores y casi todos mis guías espirituales.

Poca respuesta emocional me merece la socarronería de ocasión pero si la puedo eludir, lo hago. Con todo, en los trámites oficiales es indispensable que el nombre aparezca sin error en todo contrato, certificado, cédula, carnet, pasaporte, credencial para votar con fotografía, licencia, testamento y en el expediente médico.

Regularmente cuando uno culmina alguno de esos trámites un servidor público suele llamar por nombre a las personas para entregar el documento. En mi reciente experiencia escuché un llamado que me pareció canto de sílfide:

- ¡Ricardo «Miid»!

¡Gracias, Pepe Meade!

7 de febrero de 2018

Carta Abierta a Juana Hernández (No vaya a pasar que nada pase)

Querida Juana*:

Te conozco desde que naciste así pudieras ser mi hija y en ocasiones te veo como tal sobre todo estos momentos que estás considerando cambiar tu vida (Emprender una carrera, iniciar una familia, dedicarte al barullo); Desde que me conoces has tenido ocasión de escuchar a la generación a la que pertenezco con discursos de decepción que han moldeado en parte la perspectiva que tienes de nuestra patria, nación y Estado.
Es un atrevimiento de mi parte venir a darte consejos, justo ahora, sobre todo porque tengo que admitir que tal visión de la situación clásica en mi generación ha sido errada y ahora resulta que pretendo mover la tuya con unas cuantas palabras (y tengo la audacia de pedirte que compartas estas líneas con tus amistades, contactos y familiares)... Aun así no encuentro en primera instancia otro recurso, aunque debiera diseñar un juego, una aplicación o publicar un vídeo, una canción con ritmo pegajoso y bailable.😄

En estas elecciones no está en riesgo la nación, ese espacio personal cultural y de dimensiones humanas que conoces muy bien. Ahí donde te mueves está la nación; La nación está hecha de todos tus recuerdos y tus apetencias, tus requerimientos y necesidades... La nación también es un poco imaginaria. Aunque te hayan enseñado por ahí que no tenemos remedio y que siempre estaremos listos para el jaripeo y nunca para la tarea lo cierto es que hay muy buenos y nobles resultados. También la gente que te gustaría que fueramos es parte de la nación. No importa a quien elijamos como presidente y cuales legisladores la nación seguirá ahí dónde te encuentres.

En estas elecciones no está en riesgo toda la patria, aunque sí encara desafíos y amenazas. Lo que tenemos los mexicanos, eso es la patria. Tanto el acervo de conocimientos como la infraestructura y todas las empresas, las privadas que producen riqueza y bienestar; las sociales remediando carencias y malestares; las políticas, procurando un diseño nuevo y maneras de relacionarnos. ¡Nuestros bailes, canciones y la producción de artistas y artesanos!.También aquí caben los medios de comunicación, que dependen de que manejemos un idioma más o menos comprensible para todos. Es posible que parte de este patrimonio se vea amenazado por las políticas de la nueva administración y las iniciativas en el legislativo, pero es tan basto que difícilmente se verá arrasado por el grupo en el poder.
Cuando los poderosos tratan de enfilar el país a un derrotero se percatan de que este tiene ciertas tendencias difíciles de modificar, logrando un resultado intermedio. La tendencia cultural es más fuerte que la energía gubernamental y ahí seguirán las
 "Mañanitas", el "Cielito y Lindo" o "ya no me va a doler" ya sea a ritmo tradicional, rock, banda o como reggaeton.

Quizá lo que esté un tanto en riesgo es el Estado. El deporte preferido de los gobernantes es cambiar las reglas del juego, la Constitución, las leyes, los protocolos de la burocracia, el precio del gobierno (los impuestos) la injerencia de las instituciones (¿Cuánto ejército, cuánta policía, cuántos médicos, cuántas paraestatales?). Esta parte del pastel tiene muchos comensales ávidos que no quieren desprenderse de sus privilegios y requiere de mucha negociación para que renuncien sin manotear. Algunos de los candidatos pretenden mover el avispero y el arte aquí está en la velocidad... Hay una que resulta inocua y cambia al país sustancialmente y hay otras muy lentas que nada logran o muy rápidas que todo empeoran.
Recién platicaba con mis congéneres y hay unos que opinan que especulan habrá violencia, otros que consideran que ya nada podemos influir y no faltan los que están nerviosos: no vaya a pasar que nada pase.


Yo estoy convencido de que tenemos un país mejor que cualquiera de sus versiones pasadas y que la mejor versión está porvenir. También estoy convencido de que una persona puede lograr cambiar al Estado, a la patria y a la nación: ¡eres tú!, cuando te sumes al resto y seas la gota que logra que el vaso rebose.
A mi vez, pienso expresarme y casi estoy seguro que el resultado será el mejor posible, así que trabajaré a la par contigo para seguir mejorando como persona y comunidad.
¡Brindemos por México, el mejor de nuestros días!


*Juana Hernandez Hernandez es el nombre más repetido del padrón electoral, las personas de treinta y menores, hasta los dieciocho conforman la mayoría del padrón electoral (personas con credencial para votar con fotografía). La mayoría de las personas tienen acceso y usan artilugios que los vinculan a la Internet, siendo este recurso el que más usan para comunicarse.


1 de diciembre de 2017

La ley del bote


La diferencia entre una cubeta y un bote pareciera frívola, intrascendente, banal; si se mira con detenimiento no es casual hacer tal distinción porque resulta que «cubeta» es un artículo doméstico, para usos privados y, en última instancia, hasta «por amor al arte».

Barriles, cubos, botes, baldes y hasta bombonas son igual cubetas, pero en uso profesional. Albañiles, bomberos, afanadores e intendentes se refieren a tal artículo de cualquier modo, que no sea cubeta.

A diferencia de muchas otras iniciativas, reglamentos, leyes y recomendaciones la «Ley del Bote» es acatada pese a no estar inscrita en ningún documento. Consiste en declarar como «exclusivo» para beneficio de una o varias personas un espacio mediante la colocación de un bote.

Cualquier ciudadano, armado con un bote, puede tener a su disposición un espacio en el arroyo vehicular, varios y hay situaciones en que se bloquean arterias completas mediante este ejercicio soberano. Las razones por las cuales una persona, una empresa o los representantes de la autoridad utilizan este recurso van desde la simple soberbia: «tengo un bote, tengo el poder» hasta el bien común: «es indispensable que las ambulancias puedan pasar por ahí».


Como todos mis vecinos saben, así como casi todos mis amigos y muchos de los amigos de mis amigos, no cuento con un automóvil para transportarme por lo que no es raro que incluso en la entrada de mi «cochera» con absoluto desparpajo se estacione un vehículo y más allá de lo molesto que es constatar que los mexicanos con facilidad incumplen el reglamento de tránsito, no deja de ser divertido como se disputan un espacio que no les pertenece. Hacen rabietas, intercambian miradas furiosas (hasta llegan a quejarse conmigo). 


Por simple diversión y sin dar aviso a ninguno de mis vecinos decidí poner un par de botes enfrente a mi cochera. No hubo reclamos, no hubo disputas, el sometimiento fue inmediato de escoltas, clientes de la tamalería y del odontólogo. El Club de motociclistas prefirió colocar sus caballos de acero en la acera y hasta las progenitoras con carreolas acarreaban a sus críos sorteando los obstáculos sin moverlos (con todo que la «licencia de madre», tiene incontables fueros). La fuerza del bote es comparable a la del dinero.

La «Ley del bote» no solo no está consignada en algún reglamento, es una práctica ilegal pues el espacio público (como lo es el arroyo vehícular) solo puede ser limitado por la autoridad; aun así es aceptada por la comunidad y hasta procurada.

Me da la impresión que este no es el único ejemplo de protocolos sociales aceptados por la comunidad. Regionalmente, supongo, habrá muchos otros y estoy tentado a pensar que existe una Constitución «de facto» y otra muy distinta «de iure» 

12 de noviembre de 2017

La pregunta

Dedicado a Ethan Mateo, Emmanuel y José Carlos.

¡Bienvenido a bordo!:

Como parte de la comitiva que te acompañará algunos años en este viaje al futuro, sin retorno, me tomé la libertad de escribirte unas líneas con la intención de que reconozcan las oportunidades que tienes y las explotes al máximo para ser tripulante de excelencia de la Tierra, la nave en la cual las personas humanas viajamos por el espacio y por el tiempo.

La clave de todo está en «La pregunta»; en mi caso surgió a los pocos años de vida y cuando la ví escrita, muchos años después, quedé conmovido; muchas veces vuelvo a leer ese libro (Joseph Gevaert, «El problema del hombre, introducción a la filosofía antropológica») y en varias ocasiones no paso de las primeras páginas (es casi al principio que está descrita la pregunta). Supongo que te preguntaras ¿por qué vuelvo a leer el mismo libro? La primera vez que lo leí tenía unos veinte años; cuando cumplí treinta tenía algunas preguntas para el mismo libro y me vino bien leerlo para encontrar sus respuestas a mis inquietudes. Así a los cuarenta, cincuenta. De cuando en cuando lo vuelvo a leer para encontrar nuevas reflexiones; lo que me da pie para un consejo en paralelo: ¡No pares de leer, es una experiencia maravillosa!. Es la única manera conocida hasta el momento para viajar al pasado (ahora mismo, mientras lees esta misiva estás en un viaje al pasado: al momento en que finalmente pude escribir esta carta). La mayoría de los libros explican la manera en que funciona nuestra nave, la querida Tierra, y todo lo que ha hecho el ser humano. En casi todos los libros se trata de responder «La pregunta».
Son muchos los filósofos, educadores, pensadores, héroes, mártires, políticos, empresarios que se han formulado «La pregunta» y cada uno, a cada instante la contesta y hay casos de quien ha ofrecido su respuesta de manera definitiva, en un instante. Pero también se la plantean las personas que deambulan en la calle con variadas necesidades, intenciones y ambiciones. Las personas mientras se trasladan, sobre todo si están atribuladas, tratan de contestar esa, no sin desazón.
Ahora que hablo de transportarse te invito a que lo hagas en bicicleta. Es «El vehículo». Muchos automovilistas y choferes las odian; hay ciclistas muy audaces. Aun así, viajar en bicicleta brinda una perspectiva que no ofertan el auto, el autobús, el tren ni el avión o caminar. Viajar es, a mi gusto, una manera de descubrir nuestro día a día (estamos peregrinando, de hecho). Has iniciado el viaje en términos espacio/ tiempo y existe un fenómeno bien curioso: Si decides viajar por todos los confines de la Tierra, tardaras tanto que cuando regreses al punto de origen te parecerá bien diferente y hasta difícil de reconocer. Aun cuando no nos movamos de nuestra residencia o de nuestra ciudad estaremos viajando, porque todo a nuestro alrededor está moviéndose, mejorando o degradándose. ¿No es maravilloso?.
«¿Cuál idea vale tu vida» es «La pregunta» y lo valioso es tu respuesta. ¿Estás dispuesto a cambiar tu existencia por esa idea?. Si tienes buen tino en la respuesta, serás tripulantes de excelencia de nuestra amada Tierra.