5 de enero de 2026

Cinco de enero

 Cinco de enero


La mayor de todas las fiestas infantiles (día del niño, 24 de diciembre, el día de la primavera y demás), no cabe duda que es el cinco de enero. Equiparable, en magnitud adulta, al Día de las Madres, el 20 de noviembre, el 15 de septiembre o el destape sexenal; o bien, a las fastuosas aglomeraciones en el Ángel de la Independencia, cuando la selección mexicana tiene por rareza algún triunfo que la afición considere conveniente festejar. El seis de enero, Día de la Epifanía de Nuestro Señor, casi todos los niños mexicanos son mimados.


El seis de enero no hay un ser con más obsequios por derecho que los hijos. Ser padre, un día como ese, es un auténtico cargo de conciencia, si no se tomaron las precauciones del caso y se gastó o prestó dinero con anterioridad. La víspera en la ciudad se da una economía de guerra: El que debe, no paga; Al que le deben, le cobran; y al que le sobra... Se cuida.


Los licenciados en derecho abocados a la materia penal generalmente poseen un arma, la de nuestro personaje era de gran calibre y se decía en el despacho que ya se había llevado a más de tres en el camino… ciertamente no era una perita en dulce…


Era precisamente la mañana del cinco de enero de un año cualquiera, de crisis o de bonanza en la historia de México, cuando una aterradora alarma lo despertó. No era el reloj despertador, casi inútil de la casa, ni siquiera una alerta sísmica o la amenaza de una bomba; Tampoco se trataba el inconsciente telefonazo de un cliente a deshoras de la mañana, o la promoción de una tarjeta de crédito sino la tibia voz de la esposa que murmuró al oído del ceniciento:


— ¿Quieres saber qué le pidieron los niños a los «Reyes Magos»?


Una sonora palpitación se revolcó en el pecho y la presión sanguínea se fue al nivel más alto…


Entre las alarmas psicológicas se oía una descripción de juguetes que por más que la imaginación adulta haga esfuerzos por comprender, siempre es rebasada por la imaginación y el candor del más dócil de los críos…


En ese momento se maldijo por comprar televisión, radio y cualquier otro vehículo de la publicidad, deseó que sus hijos fueran parapléjicos; hasta que se apareciera su suegra y le pudiese pedir prestado sin la menor intención de pagarle (o sea, «sablearla»). Finalmente reaccionó con un dejo de adultez que la circunstancia le permitía, suspiró, se desenrolló las sábanas y pensó lenta y pausadamente, seguro existía el recurso… La chequera estaba vacía; las tarjetas, saturadas; la cartera llena de identificaciones… Obviamente tenía un problema… ¡Un gran problema! ¿Qué niño que tenga padre va a sufrir las contrariedades de no recibir un regalo en la madrugada del día seis?


— ¡Mis hijos! — se respondió para sí


La esposa se afanaba en la cocina de manera estéril para el paladar abogadil acostumbrado a la comida internacional, mientras, a nuestro personaje, por la cabeza le roían las ratas de la culpa y la angustia.


No desayunó, se fue directo a la oficina. No saludó a casi nadie y por tal actitud casi todos se percataron del problema. A la mayoría se le llenó de prudencia el bolsillo y casi todos evitaron el tema, no fuese a pedirles dinero.


— ¡Dora, Dora! — llamó a su secretaria


La incondicional secretaria apareció con diligencia pero con una cierta actitud: de quien ha preparado ya un discurso anti préstamos.


— ¡Dígame, señor!


Inmediatamente que sus miradas se cruzaron, él se percató del drama: ni su fiel secretaria cedería un céntimo en vísperas de «Reyes»


— En cuanto me hable un cliente me lo pasa, y a todos los que me deben aunque sea un trago, pásemelos.


— ¡Sí señor! — cerró Dora.


Como un tigre blanco recién capturado se revolvía en su oficina. Nadie tocaba ni entraba, nadie le ofrecía un café, ningún cliente llamaba y todos los deudores estaban en las antípodas…


Un billete muy modesto se asomó por entre las costuras del saco, con eso… con eso… no alcanzaba para nada. Mientras de la culpa pasaba a la melancolía y de la melancolía a la furia y luego a la indignación, el cinco de enero, pasaba. Transcurría en una auténtica paradoja del tiempo, mientras buscaba quien le prestara o pagara dinero, se fugaba como un amor prohibido. Cuando le buscaban para cobrarle o simplemente cuando no encontraba a nadie; el tiempo, como tortura china, se detenía haciendo de esos momentos una delicada pieza de suspenso.


«Cincuenta, nada más cincuenta», se decía a sí mismo. La única estrategia: esperar a las ofertas y pedirle a su esposa que llenara a los niños con té de jazmín.


— ¿Cuánto les doy? — preguntó su esposa.


— Dos o tres


— ¿Tazas?


— ¡Litros!


Dora se retiró a hacer sus compras temprano, ya que los tumultos en cualquier centro comercial o juguetería son dantescos. Él permanecía en la oficina. Ya no contestaba el teléfono, el último «¡Por supuesto que no!», auguraba una revolución parecida al catorce de julio francés con una fuerte dosis de primavera de Praga, su esposa había obviado parte del proceso de angustia por no tener juguetes y estaba instalada en la ira más abyecta desde las tres de la tarde.


Así como las rosas languidecientes del día de los novios, los políticos en quinto año de gobierno o los pinos más calvos de diciembre; los juguetes que no superan la curva de la opinión infantil, que de plano ya no son de moda, a eso de las cinco de la mañana, están en oferta a un precio muy parecido al real, si además es una imitación, pues son más baratos aún.


Finalmente el reloj pudo distinguir entre un día y otro. Se encaminó en su automóvil hacia el centro de la ciudad, «¡a ver qué rayos conseguía!» Los aparadores estaban auténticamente al alcance del bolsillo de un empresario millonario, pero los estanquillos se mostraban un poco más amables, sin embargo las piezas tecnológicas que sus hijos solicitaban por juguetes estaban a los años luz de sus cincuenta, equivalentes a la distancia entre la tierra y la estrella Alfa Centauris.


Era una subasta, había que correr de aquí para allá, argumentar que un puesto lo ofrecía más barato, o que en aquél lado estaba mejor cuidado… Los dependientes hábilmente entrenados no se dejaban engañar. Alguien gritaba una marca de un juguete, y desde la esquina se oía: «¡compro!». La fluctuación de los juguetes en las calles hacía parecer cosa de niños, la cotización del mercado de valores.


Estaba observando unos juguetes de regular aspecto, cerca de una señora, ella ya se había decidido y con una actitud, muy parecida al camaleón, que tuerce sus ojos de manera tal que uno apunta al norte y otro al sur, la señora deslizó sus manos hacia el bolso. Lo que había sido toda una negociación acabó siendo un duelo, un joven sacó una navaja, y amenazó a la señora que se quedó paralizada… Un grito y el maleante se hacía del dinero ajeno…


Como un mono se abalanzó sobre el ladrón, sacó la pistola y la colocó en la cabeza del truhán, con señas indicó a la señora que lo siguiera, la navaja de afeitar en que se había convertido el arma del asaltante cayó al suelo. Con la mano haciéndole nudos el brazo por la espalda, lo empujó, seguidos ambos por la víctima; el ladrón se quejaba. La muchedumbre le abría paso mientras vociferaba — ¡Policía, policía!


Llegado a una esquina encontró al uniformado que por hacer guardia no sería identificado por sus hijos como rey mago.


— ¡Compañero!, ¡Compañero! — gritó


El aludido se acercó, una breve explicación le bastó. Le revisaron los bolsillos.


— ¿Cuánto le quitó señora? — preguntó a la víctima


— Doscientos — dijo ella, exagerando lo más que se le ocurrió


Sacó del bolsillo del maleante un grueso fajo de billetes de diferentes denominaciones


— ¡Ahí están!, a ver, compañero, esto es para usted... Del fajo salieron varios cientos más.


— ¡Gracias, mi jefe!


— ¿Cómo pudiste comprar todos los regalos, mi amor? — preguntó su esposa visiblemente impresionada por la habilidad de su marido.


21 de mayo de 2025

El PAPA, Antonia y las gelatineras.

Antonia, pasa por la casa con su mercancía poco después que el sol sale; "han de pasar de las siete"  piensa en invierno, si aun hay estrellas o luna en el cielo; o si el sol salta a un lado de los volcanes. Trae a nuestra vivienda toda calidad de mercancía: unas veces la lata; otras,  el estropajo; unos tomatillos y los chilitos para la salsa verde; Acaso hemos vivido unos chiles poblanos y unos chocolates rellenos... ¡Ese asunto de los chocolates es emblemático! consumía yo chocolates para subir mi energía... cuando carezco de tal producto me duermo en siesta demandante al medio día (bueno después de la una y antes de las tres) Ya llevaba varias siestas y le comenté a mi hermana la conveniencia de adquirir aquel chocolate de marca y consistencia favorita. El caso es que Antonia se presentó con unos chocolates rellenos de cerezas en licor, de marca dudosa, pero china; de ahí nació la idea de pensar con alta determinación (todos los de casa)  en nuestras necesidades de momento, para que Antonia evitara una molesta visita a la tienda de abarrotes.
Sea casualidad o la Providencia Antonia llega con los anhelados chocolates, los jitomates, las cebollas o el ajonjolí para el mole; en ocasiones llega con artículos disparatados (un ramo de flores artificiales) entonces meditamos seriamente en nuestra falta de fe.

Antonia es católica, como yo quisiera; analfabeta se acuerda de las Sagradas Escrituras y sin conocimientos aritméticos ni contables lo mismo suma resta, calcula la inflación y el ISR, si le preguntas. Además domina la cultura católica; órdenes, clero diocesano, el asunto de las acólitos y los que pueden hacer liturgia de la palabra. Cuando se enteró de mis lesiones en la cabeza pidió misas a mi nombre; no sabiendo, como no sabe, escribir... aprendió mi nombre además de llevarlo escrito y eso fue porque viendo mi letra supo que nadie más que yo ( a veces) puede distinguir mis "zetas" de mis "aes" ("yes", "ges" y "jotas" se parecen mucho a mis "emes" y "os")

Durante el cónclave que resultó con la elección de S.S. León XIV estaba muy preocupada por que fuera a quedar "el negrito"; Así que una vez que quedó el Gringo (¿Cómo gringo peruano?) quedó un poco más tranquila.

Sin entrar en muchos debates teológicos, antropológicos y religiosos invitó a mi hermana,y ella a mí, y yo a ti a rezar diario, a las seis y media,  un Padrenuestro por el PAPA, todos los días... ya somos una comunidad con Antonia, su amiga la gelatinera y el sindicato gelatineras de Tlalpan, que aceptaron de buena gana formar cofradía con Antonia.

22 de febrero de 2021

Incertidumbre

 Incertidumbre


¿Será que la última vez que nos vimos, será la última?

En el ajetreo del día a día nos hemos distanciado lo suficiente

para que no sea agonía no verte a diario

pero seguimos siendo importantes, queridos, caros...

tanto que será un gran pesar, no volver a verte.


¿Será que la última vez que hablamos, será la última?

Recuerdo tantas anécdotas, pero ninguna de ayer o antier;

superas por mucho a los conocidos de los que no tengo anécdota alguna 

y a los vecinos esos que veo salir con los buenos días,

a los que veo regresar con las buenas noches.. eres más

No tengo inquietud por no volverles a saludar o despedir...


¿Será que la última vez que nos escribimos, será la última?

No asistiremos a nuestros sepelios a pesar de ser importante

pero no estás en el imaginario de mi albacea, ni yo en el del tuyo.

Quizá con pena, quizá por cortesía alguien me dirá… alguien te dirá

y con melancolía mirarás o miraré el obituario, la foto conmemorativa…

Cada día será elástico, lo suficiente para recordar sin extrañar

lo suficiente para arrepentirnos de no concretar aquella cita…


Y te podría contar mis laberínticos sentimientos

Tú me dirás: ¡Nos veremos, nos hablaremos, nos escribiremos!

con toda sinceridad...

Me podrías contar tus laberínticos sentimientos;

yo te diré: ¡Nos veremos, nos hablaremos, nos escribiremos!

con toda sinceridad

y cuando lo digamos no diremos que en realidad no sabemos…

¿Será que esta vez sea la última vez?


19 de diciembre de 2020

Contacto extraterrestre (cuento de Navidad)

No somos muchos de familia en la casa... hay una multitud de no parientes que circulan todos los días... así que es un desfile continuo en la casa: los que salen de noche a trabajar, los que salen de madrugada, los que salen por la tarde... y de la misma manera regresan diez o doce horas después... Aunque la familia no hacía mucho por ellos que no fuera saludar, los otros tampoco parecían dedicar mayores consideraciones.

Tantos «¡Buenos días!» y tantas «Buenas noches» o «tardes» acaba un buen observador a distinguir los pequeños logros, los días afortunados y los turbulentos... también la empatía mueve a saludar, así sean siempre las mismas palabras, con distinto tono... más discreto, más jocoso o claramente entusiasta...

Luego, con pretexto de las fechas, se nos ocurrió obsequiarnos con los inquilinos alguna prenda de atención o algún detalle... según los días del calendario les ofrecía que un dulce o una rebanada de pan ¡o un pastel de cumpleaños! o un corazón de papel... Una tarjeta podía mejorar el día de cualquiera y no menos una fiesta.

Más tarde que temprano descubre uno que son familia la familia, la familia extendida y luego las extensiones de familia... Todos acabamos siendo como una sola comunidad y los deseos de un buen día para cada quien acaban por ser el deseo de una buena vida para cada uno.

La zona es secular de nombre y cristina de costumbre con algún otro credo escaso poco conocido así que llegando diciembre nos preparamos con los clásicos adornos navideños, las luces gastadoras, «El Nacimiento», «El Belén» como le dicen otros o «las figuritas» que le dicen los «escuincles»... A los niños, en particular les resulta encantador el avance de los «Magos de Oriente» unos milímetros apenas cada día... según nuestras costumbres católicas llegarán el día veinticinco...  o el veinticuatro, ya muy tarde (Aunque luego no llegan hasta el seis de enero)

Fue el diecinueve de diciembre que un mago «desapareció» el que cargaba el oro... no es que sea mal pensado, pero ¿cómo no desapareció el de la mirra? Para tales situaciones siempre mis principales sospechosos son los niños y no todos: ya se que Pilar es bien portada o Alicia... ¿Pero qué hay de Marianela, Maricarmen, Andrés, María, Pedro o Majo?... ¡Son terribles! también están los cómplices del momento, los que aducen «no sabían qué estaba mal hecho»... entre los niños está siempre el «Autor intelectual» como el «perpetrador» (y no, no es más inocente Ricardo por cooperar, que bien se podría negar a las fechorías). El asunto me pareció de la mayor gravedad y me auto- nombré «Inspector Ardilla» ya que hacer la pesquisa con ayuda de los padres o sin ella siempre es dolor de cabeza

Si los progenitores se enteran de la trasgresión hay los que se ponen de lado del infante, justificando casi todo; No faltan los padres quisquillosos que están seguros que sus hijos son unas ladillas y los castigan sin fundamento.

Resulta mejor recurrir a los niños; por supuesto, entre ellos es altamente probable que esté el responsable de los hurtos... pero también están los que se enteran de todo; no tan chicos para no entender la malicia o la broma, pero no tan grandes para ejecutarla y ya sea por envidiosos o morales... Pablo, Mateo o Rafael... Quizá Isabel... pueden que suelten prenda si son debidamente persuadidos, siempre hay que tenerlos de nuestro lado.

Aunque los papás son tolerantes conmigo siempre me miran con suspicacia cuando platico con la infancia. Será porque los chiquitos tienen algo en sus almas...algo en sus corazones y acciones que no tolero mucho tiempo... Sea como fuere me atuve a mi tarea: Encontrar al secuestrador del «El Rey Mago»

Para mi sorpresa todos los infantes estaban igualmente indignados con la desaparición del personaje... no tanto por el oro, la verdad... de hecho es difícil saber quién porta qué en esos cofrecillos dorados... No solo afirmaron ser inocentes, todos se sometieron a revisión de sus pertenencias y hasta colaboraron con posibles escondites... Lo que encontré en tales sitios merece otro relato... pero me convenció de mi prudencia hacia «los seres humanos en proceso de desarrollo».

Había terminado tales diligencias y creo que fue José Carlos quien desató la alarma generalizada: ¡Otro Mago había desaparecido!, según los infantes en la noche del veintiuno o madrugada  veintidós... pues se habían tomado a la tarea de registrar en fotografías el estado de «El Nacimiento» y lo que era más alarmante: otras figuras menos conspicuas habían desaparecido... el Border Collie del pastor, el pozo y unas ovejas... Se ve que el truhán se cuidaba de tomar las piezas principales, para evitar el mayor escándalo.

No había de otra: esculcar las pertenencias de los adultos. La idea ahora era tener algún objeto que valiera la pena negociar por la existencia de los Magos de Oriente, el Border Collie, el pozo, las ovejas y... ¡La mula!... también había desaparecido.

Y es lo de siempre, los juguetes de los niños no parecen tan relevantes cuando se rompen o pierden pero qué tal los de los adultos...¡Eso sí duele!... pronto me trajeron cosas de lo más interesante: las llaves de repuesto del Lotus de Don Beto, el ocular del Telescopio de Don Paco, el decantador de vinos de Don Rogelio, el título de abogado de Don Jesús, la foto de la Boda de Doña Cara... pero el violín del bisabuelo de José María... Y todos las memorias USB que pudieron encontrar acabaron en mi posesión.

Hubo, como se debe suponer, una cumbre de adultos y ya en esas los encaré: «El asunto es que las piezas del nacimiento desaparecieron y quiero saber quién de ustedes anda poniendo otro Belén en otro domicilio... ¿por qué el secuestro de los reyes magos?»- en el momento de tal aseveración se podrá concluir que ya había desaparecido la tercer figura. Todo mundo convino en encontrar al «secuestrador serial de las piezas del nacimiento»

Creo que fue Anita la que hizo una rara conjetura:

- Hemos revisado todos los recintos menos el tuyo
- ¿Cómo crees? ya revisamos también lo mío- ya se comprenderá el porqué de mi enfado de tratar con rapazuelos
- No se han revisado tus aposentos- dijo Juan Carlos- no tendrás inconveniente de que vayamos a revisar

En vano me resistí, me quedé hablando solo y hasta Fabiola, a quien tenía aferrada de un brazo se soltó... llegaron a mis aposentos. Aunque con cuidado revisaron todo y sí encontraron a uno de los Magos de Oriente, piloteando mi versión de la StarGate Milenio... Otro de ellos estaba en los camarotes y el tercero aun no se «subia»...

-¡Pongamos todo en su lugar!- Clamó Virginia
- Pero castiguemos al secuestrador- dictó R2
- Los iba a devolver para el veinticuatro- dije en tono de defensa
-¿Por qué está disfrazado de odalisca ?- Preguntó Hugo moviendo al camello frente a mi cara
- No es odalisca, está usando un cubrebocas... es enfermera en el Titanic...

Creo, dijo Luis aun con el habano en la boca, que te quedará prohibido jugar con lo que esté en el Nacimiento... y se llevaron todo al Belem...Mi ajedrez lo tomó Olaf y lo puso junto a la cascada, Manuel puso mi guitarra en el campamento árabe; Memo colocó todas las armaduras en un extremo del Belén, eso sí con posturas muy del medioevo... Creo que fue Ligia quien se llevó mis lápices de dibujo porque fue Cecilia quien se llevó mis dibujos... también se llevaron a «La Santa María» obvio que el «Halcón Solitario» y «Galáctica»... Victoria tomó la caseta de «El Doctor Who» y estuvo algunos días en «El Oasis» también acabaron allí los Tres Mosqueteros y otras obras literarias, y de peluche (Norma puso a Ramirito en el pesebre) ... ¡Mi baloncito del Atlas!.... Ese nacimiento acabó sincrético y yo... ¡Sin juguete alguno!

Estaba pues, moqueando junto al nacimiento y vi que Adriana iba y ponía uno de sus juguetes didácticos también.

- ¿por qué haces eso?
-Pues no veo porque el Divino Niño va a tener a su disposición tus juguetes y no los míos...

Y todos se unieron a la iniciativa: nosotros de niños y nosotros de adultos, nosotros de jóvenes y de ancianos pusimos a disposición de El Niño todas nuestras posesiones juguete: Fotos, cartas, diplomas, adornos, joyas... Muchos de los cuales son en realidad «mementos»: trozos alegres de nuestra existencia... y ahí, en Belem, de algún modo estamos también nosotros y Él con nosotros.

30 de abril de 2020

El último de su clase

Mirando la entrada de aquella vetusta y lúgubre cabaña experimentó repentina debilidad, era como si sus piernas hubieran cobrado voluntad propia y se resistían a continuar el camino; el ritmo cardiaco según lo indicaban sus dispositivos estaba inusualmente rápido y empezó a sudar, pues su cuerpo había tomado una alta temperatura. Instintivamente volteó el rostro para mirar a sus tutores, que seguían su aventura desde sus hogares... las cámaras volantes lo tenían enfocado de espaldas, situación que cambió rápidamente. Cada uno de ellos se hizo presente en su dispositivo y le animaban a continuar, alentándolo. Sonrió y para sus adentros se arrepintió de todas sus arrogancias.
Quizá era su incapacidad para admitir estar equivocado era mayor que esta pasión que le invitaba a correr del lugar, así que llegó hasta la puerta del edificio y recordó: «Tengo que golpear la puerta»... miró detenidamente el lugar y notó que había un cordón del que pendía un objeto pesado, como péndulo... «esto puede ser una campana», tiró de ella y se alejó un poco de la puerta, había leído que algunas podían abatir hacia afuera, golpeando al visitante.
Al cabo de unos minutos la puerta se entreabrió y dejando ver a la criatura. Era rechoncha, andrajosa, pestilente y sucia... alcanzó a mirar parte de una enmarañada cabellera.
- ¿Quién eres, qué quieres aquí? ¡No tengo nada, ni comida, ni ropa, ni nada!
- ¡Pretendo conversar!
- ¿Conversar?
- ¡Sí! es una tarea encomendada...
- ¿Quieres conversar conmigo frente a frente?
-¡Sí!
-¿es un castigo a tu insolencia?
- ¿Castigo? ¡No se lo que es un castigo! Resulta que he dudado de las instrucciones que recibo y según el sistema de consecuencias he de conversar contigo.
-¡Es un castigo!- sentenció la criatura- bueno, no será la primera vez que conversar con alguno de ustedes no sea un castigo para ustedes, pero como hace tiempo de no converso... será interesante. Siéntate en aquella piedra o mineral... no se como le llamen ustedes... ya salgo y dile a tus ocho tutores que se alejen, de otra suerte no conversaré
Mientras se sentaba las cámaras volantes se alejaron y poco a poco la criatura salió de su hogar. Los que vendrían a ser los pies tenían los famosos zapatos de los que tanto había escuchado y sí, constantemente tocaba el piso, irremediablemente atraído por la fuerza gravitacional...
-¿De qué quieres conversar?
- Cualquier tema
- ¿no vas a entrevistarme?. Claro, ya lo saben todo... que matamos para vivir... somos como animalitos para ustedes...- abrió los brazos y extendió las manos ¡Tenía cinco dedos! mientras exclamaba ¡Ah! y abriendo los ojos desmesuradamente
- ¡Guau!... realmente tienen cinco dedos
- Así que eres un «matadito» y lo sabes todo... porque ustedes se convirtieron en lo que son y nosotros desapareceremos en cualquier día de estos
- Y es muy interesante porque somos sus descendientes...
- Pues no, ustedes son otra cosa... tanto tiempo se la pasaron en cautiverio de pandemia en pandemia que se fueron convirtiendo en lo que son. Primero dejaron de ir a los bares; luego dejaron de ir por las tortillas... Mientras nosotros hacíamos todo, recogíamos la basura y tirábamos a los muertos y moríamos con tanto virus y bacteria... primero las chinas, luego las indias, luego las mexicanas... ustedes no se asomaron ni a la ventana, todo llegaba a sus casas. Ahora todo lo hacen en sus panales, intercambian fluidos por tuberías y no saben quienes son los que comparten el mismo material genético... claro ya no tienen riesgo de endogamias ni nada de eso... No, no eramos lo mismo cuando eramos lo mismo y ahora ustedes, tú, son otra especie... ¿sapiens sapiens sapiens? ya ni mamíferos son, ni siquiera tocas el suelo y no sabes lo que es comer algo que alguna vez estuvo vivo... comes piececitas lego... en tu impresora doméstica... tu mascota es un robot y tus tutores unas imágenes en pantallas... ¿has tocado algo vivo en tu vida?... ¡Toca mi lengua!... es rosa. está húmeda... ¡ah!- empezó a bailar a su alrededor- son todos tan sensatos y aburridos... nosotros estamos a punto de extinguirnos por hacer mandados, ustedes nunca serán demasiados, hay una computadora que dice cuando algo nace... ¡mirate! tres dedos en las manos, cuatro en los pies, ojos de gato, piel azul (blanca, pues no les da el sol, azul por las venas) la cabezota como de pulpo, y todos escuálidos.... ¡Ah!_ volvía extender los brazos y las manos, mientras bailaba- nosotros queríamos viajar a las estrellas y encontrar a cosas como ustedes en otros planetas... ustedes viven en un panal, sin tocar el suelo, si aspirar a llegar las estrellas... eso sí, todo está muy controlado... ¡No, no somos ancestros de ustedes! nosotros eramos otra cosa ¿que quedará de nosotros en esos cromosomas?... ¡Pensándolo bien, no quiero conversar!
La criatura se volvió a su cabaña con determinación, tocando el piso alternadamente con cada pie... abrió la puerta con violencia y entró dando un portazo tras de sí...
Las pantallas volantes se hicieron presentes
- ¡Tienes que regresar!
-¡Corres riesgo, el humano podría intentar matarte y comerte!
- ¡Qué interesante!- comento el estudiante- para vivir tenían que matar... y yo tengo emociones, aún.

30 de diciembre de 2019

Guía definitiva, suprema e inigualable para los propósitos de año nuevo

Presentación

Todos hemos lidiado con hacer una lista de propósitos de año nuevo, aun aquellos que dicen: "Yo no hago una lista de propósitos o metas"... ¡La traen en la cabeza!.

La siguiente guía favorecerá que tengas algún avance que te haga sentir satisfecho y refines tu propio método, ¡Quién sabe si cuando cumplas 59 años puedas hacer una mejor que las que hice!.

Esta guía corrige la mayoría de los esfuerzos conocidos y aun los misteriosos, por ocultos que sean tus verdaderas apetencias....

Guía

1. Proponte una meta, solo una y global. Muchas personas batallan porque quieren leer doce libros, hacer ejercicio, bajar de peso, viajar, enamorarse y ahorrar. Es común que encuentren que todas esas metas se contraponen unas con otras. Es mejor proponerse una meta que englobe todo:

Ejemplo: 

Participar en La Carrera de San Silvestre en Sau Paulo el 31 de diciembre de 2020. (tienes que ahorrar, hacer ejercicio, cuidar tu dieta, viajar (sobre todo si no vives en Sau Paulo), leer sobre atletismo y es posible que te enamores en el viaje -sobre todo si vas a Sau Paulo-)

2. Diseña un plan marcando los hitos (fechas significativas) que sean clave en alcanzar tu meta, los hitos suelen comprometernos con la meta: Contar con los requisitos para inscribirte a la carrera, contar con la documentación necesaria para viajar a Brasil... etcétera)

3. Comenta con tus amistades y familiares la meta (esto te compromete con ferocidad pues no faltará el Gerardo que te hostigue gratuitamente) Aggiorna la información mediante reuniones periódicas, en las redes sociales (publicalo en alguna página o en un canal de vídeos) y registra todos tus avances y contratiempos


4. Es posible que no logres el gran objetivo: Correr en la Carrera de San Silvestre de Sau Paulo, quizá te contentes con ir a Vallecas, Berlín, Londres, Oporto, Roma u otra competencia el mismo día... o quizá mudes de día...(hay muchas competencias pedestres cada mes del año) pero es muy probable que logres avances más importantes como aprender sobre dietas, planes de ejercicios. ¡También puede suceder que logres enamorarte!...sin tanto plan.

4 de diciembre de 2019

Conductas supervivientes

La Ciudad de México tiene más de ocho millones de habitantes y existen cuatro millones más que avecindados en la zona circunvecina vienen a trabajar, estudiar y divertirse. La extensa mayoría de los famosos del país vive en ella o la visita constantemente y aun así resulta raro toparse con alguna celebridad en las calles. Tantas personas que acaban por ser anónimas todas las personas.

Es por ese anonimato que resuelve uno tratar a la persona por lo que representa y de ahí la conveniencia de disfrazarse según la ocasión. Contar con un transporte lucidor, indumentaria de moda y perfumes reconocidos; un buen corte de cabello y los accesorios convenientes te hacen más accesible ciertos espacios. En otros habrá que usar mezclilla, camisetas y zapatos tenis... No dudo que los más audaces lleguen a usar batas y pijamas de médico ahí donde son más comunes y alcanzar trato de médico.

Pese a este ambiente frívolo, vano y superficial no deja de llamar la atención que aun es posible encontrar ciertas conductas propias de las comunidades civilizadas de la especie humana. No sin tesón y arduo ejercicio pormenorizaré algunas e invito al lector entusiasta agregue las que considere, en un afán adventista sea modo de celebrar el final del año.

El servicio en la mayoría de las cantinas. 
Quizá las peores cantinas son las más famosas, como la Ópera o la Número Uno; aun así gozan de un aceptable servicio. En cualquier cantina se encontrará la mesa limpia, el trago presto, la botana atractiva y los juegos de mesa sin cargos, así sean dados o dominó.

Se agradecen los buenos deseos de ingesta
El comensal callejero o el que en fonda acude, suele agradecer los deseos de “Buen provecho” y todavía es costumbre, incluso en mercados y puede suceder en restaurantes de clase mundial.

La llanta sin presión y la puerta sin asegurar.
Otra cortesía habitual es comentarles a los automovilistas que la llanta de su vehículo “está baja” o que “la puerta no cerrada herméticamente”.

Pasar el pasaje desde el fondo del vehículo.
Los vehículos de pasajeros en horas pico suelen estar abarrotados y no es raro que una persona los aborde por la parte posterior, pidiendo a la comunidad que pase su pasaje, incluso con un billete; el chofer no solo recibe el precio por el pasaje sino que regresa el cambio y es rarisimo que alguien se quede con el dinero.

Tomar una fotografía
Sean turistas o citadinos buscando encapsular un momento no he visto empacho alguno de las personas a tomar una fotografía a quien así lo solicita.

Auxiliar a las personas con bastón o en silla de ruedas
Aunque no falta ocasión en que las personas son omisas para ayudar a una persona ciega, que renguea o que se transporta en silla de ruedas, la gran mayoría de los chilangos no pone reparos en ayudar a las personas que tienen alguna desventaja permanente o temporal.

Responder al saludo
Aunque cada día es menos fácil que algún transeúnte nos desee los «buenos días» es todavía fácil que le respondan el saludo, sobre todo si van acompañados de infantes o de mascotas.

Ceder el paso al ciclista
Recientemente los automovilistas y choferes suelen dar vía libre a los ciclistas, así sean vendedores de tacos o tamales. Supongo que los comportamientos se van ajustando a las necesidades de la gran urbe.

19 de septiembre de 2019

Falta Amor

El segundo álbum de Maná, banda de rock pop mexicana, se llamó «Falta Amor» título de uno de los tracks y estaba dedicada a los niños de la calle que por ese momento eran notorios en las urbes mexicanas.

En los últimos años del siglo pasado los «Niños de la Calle» saltaron a la fama. Había famosas pandillas por la ciudad por sus desmanes como los que operaban en el crucero de Avenida de los Insurgentes y la calle de Amores... tales catervas de infantes y púberes se la rifaban limpiando parabrisas, vendiendo dulces, pidiendo limosna, haciendo malabares, arrojándose sobre vidrios de botellas en los pasillos del tren urbano, cantando en los camiones de pasajeros,  drogándose con «cemento» en la calle, pidiendo cigarrillos o asaltando jóvenes distraídos (incluso adultos precavidos).

Una mirada romántica de historias rosas se desató por los medios disponibles y sus biografías como sus aventuras envenenaron a periodistas, novelistas, pintores, poetas, cantantes y trovadores... Los niños de la calle se hicieron celebridades populares.

También se hicieron célebres los héroes que empezaron a atenderlos, como el conspicuo padre Chinchachoma quien fundó al menos quince albergues para niños en el desamparo.

Hoy día los transeúntes no miran a tantos púberes en las calles, comiendo en los pasos a desnivel o abriendo una alcantarilla de válvulas de agua potable donde pernoctar. 

Parece ser que ya no padecen hambre o falta de refugio, hoy día y se les puede ver posando con sus armas largas en fotos en las redes sociales como sicarios de «El Mencho».


13 de mayo de 2019

Misterios gozosos

Acto de contricción

Voy al mercado porque puede ser que te sorprenda, es una ilusión; que haya algo fabuloso: un juguete que no se pueda comprar, una película que no se deba ver, una indumentaria que jamás me pondría...

Voy al mercado porque puede ser todo más barato... depende de tu ojo, de tu relación con el mercader; de lo importante que pueda ser la compra.

Tengo que reconocer que también voy a los mercados ambulantes porque soy tacaño. ¿Por qué he de pagar una zanahoria a ese precio? ¿Por qué debo aceptar un paqute que tiene un jitomate verde?

Voy a los mercados por avaricia, quiero tener los mejores duraznos; por goloso, que se antojen de solo verlos; por hedonista, que huelan y se sientan como ninguno otro.

La única pasión que parece que no está presente es la pereza. Ir al mercado es un dechado de diligencia, pero la pereza está: odio hacer filas para pagar, para que me pesen la mercancía, para que me atiendan en los lácteos.

En el mercado no hay filas: Hay tumulto, hay influencia... si soy buena compra, me atienden antes... ¡ah,  eso es soberbia!

Primer misterio: La anunciación

Y con los pregones del mercado quieren hacer una venta y gritan con ingenio; unas frases hechas, otras improvisadas: ¡Lleve sus mandarinas! ¡Aquí le tengo todo su mandado! ¡Le cuido a su señor, mientras compra! ¡Pruebe y quede convencido! ¡Chéquele y verá que regresa! ¡El mejor mango! ¡Le vendo desde una lechuga hasta mil toneladas!

Segundo misterio: La visitación

En ocasiones hay que arriesgarse, mirar a otros puestos. Sin causar mucha expectativa. Quizá convenga observar solo los precios que están en cartones aquí y allá. Preguntar la procedencia: "¿de dónde son los limones?" y el otro dirá que son de Michoacán, si son buenos o de Colima, si son baratos.
También hay que acercarse a los puestos que han sido descartados en el pasado, pudieren haber entrado en razón y vender "la vaina para canarios" en manojos grandes y baratos, otra vez.

Tercer misterio: La navidad

Y cuando son fechas especiales el mercado se transforma... si es diciembre hay luces y adornos, mandarinas, limonreales y limas; hay jícamas de las chiquitas y cañas partidas para el ponche... si es febrero, corazones; si es marzo, mangos; en mayo flores para las madres y camisetas deportivas del campeón... cada mes tiene su devoción en la capilla y su exclusiva mercadería... y el que pide zapotes en julio... ¡no es de aquí!

Cuarto misterio: La presentación 

Y el estar en el mercado se extiende hasta el regreso a casa, donde el gozo se acrecienta al revisar la mercancia, ver cuanto dinero se aprovechó, si se gastó menos o mejor, si se encontró una oferta o se satisfizo un capricho.
Regresar del mercado, con todo y el cansancio es otro gusto.

Quinto misterio: El niño perdido

¡Ay, las decepciones. Ay, los olvidos!
Es cuando descubres que no compraste todo, que dejaste una bolsa en el puesto, que no te dieron el cambio completo; cuando quizá olvidaste la cartera, perdiste una licencia... Aunque hay días que alguien te tiene el reembolso o tu identificación todavía, unas horas después... hasta una semana...

Las Aves María de la promesa

Y en ocasiones queda uno con el mercader, que le tendrá fruta madura; que le tendrá la refacción o los lápices de colores de esos colores; puede ser que todavía encuentre naranjas en noviembre (de las amarillas), mandarinas en mayo o huevos de serpientes, nada más las encuentren.

Letanía

La lista del mercado está viva, cada semana se depura de poco en poco. Hay cosas que ya no vale la pena comprar: porque uno crece, porque uno madura o porque envejece o quizá, para las que uno muere.
Aunque todavía hay un niño en mí que suspira por un juguete, un juguete que no conviene comprar.
Ahora recuerdo que voy al mercado por una ilusión.


8 de mayo de 2019

Justeza social.

Exhacienda de Coahuixtla, Morelos

«Nadie tiene derecho a lo superfluo mientras alguien carezca de lo estricto»
Salvador Díaz Mirón


Por las mañanas «El comisionado» tenía una rutina estricta: salir a la hora precisa con su esposa y sus hijas en un solo vehículo, seguidos por escoltas y autos de reemplazo; primero a un colegio, luego al otro. Si su señora tenía un compromiso y dependiendo del propio se apeaban o cambiaban de auto. En cada momento se despedían con cariño y era conmovedor ver cómo se despedían. Parecían perros.

Por las tardes regresaban cada uno en diversos vehículos. A veces la madre llegaba primero, otras la niña pequeña siempre seguida unos minutos después, por la mayor. El comisionado podría llegar a cualquier hora.

Tenían pues sendos vehículos y escoltas, todos armados hasta los dientes y con chalecos antibalas; los autos perfectamente equipados para el manejo defensivo y agresivo, según el caso. La residencia donde habitaban también estaba perfectamente guarnecida y abastecida... un precioso jardín, un inmaculado césped... Aunque la colonia donde vivían no era de menesterosos, sino lo que suele llamarse «personas bien» era la residencia más llamativa, más iluminada, mejor pintada y mantenida.

Los de la otra colonia, la de «a lado» vivíamos de «El comisionado» y de sus vecinos. El que no requería un jardinero precisaba un plomero; era necesario un electricista para adornar el jardín con luces o unas mucamas para el arreglo de las camas; lavanderas para la ropa y los que tripulaban sus autos... choferes entrenados.

El médico de «El Comisionado» atendía en un consultorio a los que nos vivíamos cerca; solo que siempre tenía prioridad él y su familia. También el veterinario, cuando no atendía las mascotas miraba por las bestias de otros: además de perros y gatos; gallinas, patos y gansos que por ahí se criaban.

Había quien se especializaba en las reuniones y festejos; payasos, saltimbanquis, los que rentaban inflables o juegos para niños, adolescentes o adultos... y todo ese ejército de proveedores a su vez sentía hambre o antojo para lo cual no pocos la emprendieron en poner anafres y estufas para ofertar antojitos y comidas completas, según el caso.

Y había momentos en que la colonia de los ricos nomás era habitada por los pobres. Unos uniformados aquí, otros allá, pero de patrones nada: que andaban viajando de comisión gubernamental o de negocios de altos vuelos y se llevaban a la familia; incluso algunos vacacionaban varias semanas.

Todos vivíamos de ellos, pero los odiábamos. Unos más, otros menos; También estaban los que les respetaban y querían, eran los menos. Pero todos queríamos vivir... ¡no como ellos!, pero si mejor de como vivíamos y no peor... porque por su culpa de ellos, los había quienes tenían que escoger que hacer con su dinero: O comprar medicinas o transportarse; transportarse o comer; comer o ir a la escuela. Por su culpa de ellos, había quien tenía que escoger que hacer con su dinero.

Pero hasta los que tenían que escoger vivían de ellos. Nos enteramos luego.

Vinieron aires de libertad y ahora podíamos elegir quién era quién en el poder. Nos fuimos poniendo de acuerdo de apoco. Muchos debates pero al final elegimos a uno que justo decía que no iba ya a tener tanto dinero «El Comisionado», ni sus vecinos. Con el dinero que ellos derrochaban ahora iba alcanzar para que los demás viviéramos ¡No como ellos! pero mejor de cómo vivíamos y los que vivían peor, menos peor.

¡Y que votamos todos y que gana el ganón!.

Al principio no hubo ningún cambio, pero se sentía en el aire que todo iba a cambiar... «El Comisionado» se quedó todavía algún tiempo, pero empezó a cuidar sus fierros y ya no traía tanta escolta, ni tanto coche, ya no requirió al médico, ni tanta mucama; luego resultó que su señora se aficionó a cuidar sus plantas y él sus coches. Las niñas empezaron a ir a una escuela más cercana... ¡Y nos daba mucho gusto! por que así, también nos iba a ir tocando un poco más, aunque de momento fue un poco menos... porque lo que se ahorraba «El Comisionado» y sus vecinos no era que lo perdiera, nada más ya no lo gastaba en nosotros.

Llegó el día que se mudó «El Comisionado» y era entonces cuando pasamos de estar esperanzados a decepcionados porque desde entonces todo empeoró y cerraban fondas, se apagaron fogones y cerró la estética, la peluquería y la que «pelaba con paisaje» también se peló; ahí pasamos de decepcionados a desesperados.

Y ya no estábamos tan contentos, porque ya nadie nos contrató, ni para trabajitos y los que aspirábamos a vivir mejor, ya andábamos viviendo peor y los que peor, mucho peor y los que de plano vivían mal, pues ya no vivían... eso sí: ni mejor, ni peor.


20 de marzo de 2019

Sobras, nada más...

Ha pasado tanto tiempo que resulta una leyenda el día ese del asado específico; debió ser un cumpleaños de mi madre, una fiesta guadalupana o de fin de año... Mucho hemos discutido en familia ese hito, pero resulta difícil establecerlo con claridad. Esa legendaria comida fue basta y opípara, hubo para todos y hubo quien cargó «itacate» pero fue tan sobrestimado el consumo que empezamos a comer «recalentado» y luego algunas variantes para aprovechar las sobras.

De ese modo empezó una larga secuencia de compras parciales para ir acompañando lo que quedaba tan solo para provocar más excedentes... del asado vino el guiso, de las frutas las aguas y las mermeladas y de los vinos las garnachas... Cada día sobraba algo, así que para evitar el desperdicio comprábamos algunos víveres adicionales para aprovechar los sobrantes... y cada día algo quedaba..

Sí, claro, el plato fuerte original era un dechado de arte culinaria, pero desde entonces: nada, un desfile de menjurjes que arremedan recetas con algún toque estrafalario: revoltijos, moles, chilaquiles, ropa vieja, manchamanteles... todos en versiones de sobras, con salsas extrañas y combinaciones audaces...

Han pasado varios años y siempre hay algo que parece evocar el festín original de tal suerte que al mirar ciertos postres uno tiene esos pensamientos de sibarita traicionado: «Esa capirotada... ¿Cuántos años tendrán sus ingredientes?»

6 de febrero de 2019

La pasión que consume a Andrés Manuel

En la colonia por donde vivo hay muchos árboles frutales, así a la vera del camino; proliferan los nísperos que dan fruto en los primeros meses del año, pero no extrañan los granados, los aguacates, las tunas... hay un plátano, varios perales y limoneros. Árboles de naranja y chayoteras.

Muchos de estos árboles están en los predios de cada vecino y (salvo los nísperos que están por todos lados) no falta un improvisado aviso en alguna casa, según la temporada: «Se vende limón», «Se vende naranja», «aguacate»... «granadas» etcétera... Adosada a una barda de mi casa una vecina tiene su granado... no es pequeña, la barda que nos separa mide más de tres metros, pero la granada se las ingeniaron para asomarse a mi casa y en tres predios.

La rama que asomaba a mi casa, generosa nos regala tres o cuatro granadas justo para hacer Chiles en Nogada en agosto y septiembre... así que eran bienvenidas y temo decir que no me tomé la molestia de irle a agradecer a la vecina los obsequios año tras año... Sí, estaba al tanto que ella vendía las granadas, un tanto más caras que las del mercado, porque eran enormes.

Hace un tres años mi vecina cortó todas las ramas que se salían del predio, dejándonos sin obsequio, lo que tampoco le fuimos a reclamar , pero la granada volvió a crecer y agradecida por la poda dio muchos frutos y nos obsequió a los vecinos circundantes muchas piezas, así que vi la ocasión de irle a comentar a la vecina de la bendición que era tal árbol y que me parecía bien compensarle por las que caían en mi terreno.

Quedé sorprendido con la violencia con la que me reprendió, me arrebató la granada que llevaba de muestra y me dijo: «Todas las granadas, todas, son mías»... Está de más decir que fue un poco triste su reacción. Si me hubiera pedido colaboración para mantener la granada, seguro que hubiere cooperado... De hecho, con esa intención iba a verla.

Al día siguiente oí instrucciones de una cuadrilla de jardineros, sierras y luego la caída de un árbol, me asomé y había quedado en el patio una rama con frutos verdes. Intrigado fui a visitar a la vecina.

Estacionado enfrente de la casa de mi vecina estaba el camioncito del jardinero que atiende a varios vecinos, cargado con el granado, sus las ramas con frutos verdes, sus raíces... lo sacó de plano. Pensé que el árbol estaría enfermo y me puse a revisarlo, cuando ella salió... ¡Hecha una furia!

-¡Ni piense en tomar una granada!

-¡Pero si las está arrojando a la basura!- le dije, reaccionando, aunque el asunto era que no veía que el árbol estuviere enfermo...- pero en realidad solo quería saber porqué derribó la granada, si además vende cada año lo que no consume.

- Yo hago lo que se me antoja con las cosas que están en mi casa

- ¡Va a perder!: lo que ganaba vendiendo las granadas y ahora va a gastar para comer las que venden en el mercado

- ¡Pero ni usted, ni su familia, ni los vecinos de al lado van a seguir robándome mis granadas!

- Ya nadie tendrá granadas de ese árbol: lo mató.

- Pues ¡es mi gusto! y que usted y todos los que me rodean ya no se sigan aprovechando de mi... además me voy ahorrar mucho dinero

- ¿por los baldes de agua que ya no le va poner a la granada?

- ¡No!, me voy ahorrar las granadas que ya no se van a comer ustedes.

- Pero usted ya no va comer, ni vender grandas tampoco- le dije

- Pues sí, yo pierdo, pero lo que me alegra el día es que usted ya no gana. ¿eh, qué tal, eh? ¡Viejo deshonesto!

- Me parece absurdo que haya sacrificado su granada, sus ingresos solo para que yo y otros vecinos no puedan comer de ese árbol... ¡mató el árbol!

-Pues... ¡ya ve!

-¡Ya veo, que fea es la envidia; mata el alma, la envenena!

13 de noviembre de 2018

La verdad sobre Pedrito... o la razón por la que mi madre odia a Reina.

La verdad sobre Pedrito Mercurio o la razón por la que mi madre odia a Reina.

Alguien por ahí: ¡que me busque alguna persona para amar!

Por aquellos días iba gustoso a mi casa a degustar la comida a eso de las dos de la tarde; mi madre afanosa tenía dispuesta la mesa y los manjares; y para amenizar el deguste programaba yo, mi flamante aparato estereofónico que lo mismo admitía cintas magnéticas, discos de vinilo o discos compactos, semejante artilugio combinaba todas las opciones tecnológicas existentes; además contaba con diversos recursos para el mayor disfrute de la música: Un ecualizador de la señal de salida lo que permitía mayor sonoridad de los instrumentos graves o los agudos... privilegiar la voz.
Era posible grabar en la cinta magnética desde otra cinta, de un disco compacto, desde el vinilo o la propia voz de uno, pues tenía micrófono... Pero la aportación más deslumbrante es que podía repetir lo mismo una sola melodía que todo un álbum... ¡Era maravilloso!
También, por aquellos días, era común que los grupos de rock publicaran sus canciones en álbumes específicos lo que provocaba que adquiriera uno un disco solo por una melodía o dos... Así que, de tiempo en tiempo, publicaban "Lo mejor de..." ¡Un álbum con dieciséis o más canciones, todas buenísimas! Así que terminabas con una amplia colección de discos con la misma melodía reiterada muchas veces: En vivo, versión disco, la versión original, en su álbum original, acompañados con otros artistas... como lo viste en la tele... o el "Soundtrack" de la película supertaquillera que tenía la misma canción pero la habían usado en un filme con otra versión; con otro arreglo.
Ya te podrás imaginar las mezclas que podías hacer combinando una versión con otra, seguida de otra, y poniendo la original nuevamente...editar y meter otra versión.... destacando los bajos, el requinto, la voz... ¿por qué no un rizo o bucle y reiterar la entrada de la canción unas...¡Catorce veces!...
De los Beatles... ¡Lo tenía todo!; de los Rolling Stones, bastante; de Led Zeppellin, solo lo destacado; de los Credence, no produjeron tanto; y de Queen unas cuantas cosas, pero todo lo existente de un track que me colmaba: "Somebody to love"... ¡Era hipnótico! Así que ponía cualquier versión y la cantaba: En el baño, en el auto; a todas horas, en todo momento...¡Obvio, a la hora de la comida!
Así las cosas llegaba a mi hogar y mientras mi madre servía la sopa yo escuchaba mi cinta extra larga de noventa minutos con todas las versiones y mezclas de: "Somebody to love"... Noventa minutos de la misma canción en todas sus versiones, con inserciones de versiones y hasta con mi prodigiosa voz... ¡Ah, cosa maravillosa!.
Por suerte para mi progenitora apenas estaba media hora en casa, pues disponía de una hora para comer y me tomaba quince minutos hacer el viaje de ida o de vuelta, por lo que terminada la ingesta retiraba mi maravillosa cinta para escucharla en el vehículo... 
Una aciaga tarde, mientras comía, me llamaron de la oficina... ¡reclamaban mi presencia para resolver alguna minucia, pero sería la llave o el candado el caso era que tenía que volver raudo! y sin mayor ceremonia envolví la carne en un bolillo, me despedí de mi madre y salté al auto al estilo del mejor súper héroe dejando mi fabulosa cinta en casa, en un ambiente muy Queen... noventa minutos de "Somebody to love"... noventa minutos con mezclas que incluían  cinco minutos con mi prístina voz... y que se repetía una y otra vez.
Cuando regresé en la noche a la casa encontré mi fabuloso aparato cruzado de lado a lado por un cuchillo de cocina, unos tenedores en las cajas de las cinta magnética con las que había sido posible sacarla, en parte... el disco de vinilo hecho fricase y un bonito móvil elaborado con discos compactos, bueno con pedazos de discos compactos... ¡ah, eso sí: una madre en calma!.

31 de agosto de 2018

¡Guerra, guerra....!, ¡Patria, patria...! ,¡Ciña oh patria!...

Después de los honores a la bandera, los de todos los lunes, la maestra de tercero de primaria y que era la encargada de las ceremonias cívicas ese año no dejó que entraramos a los salones de clase. Nos ordenó escucharla en posición de descanso un merecido regaño que valió muchos ensayos en el salón de clase.

Todos estábamos preocupados por las consecuencias de nuestro comportamiento y cuando digo todos me refiero al alumnado de la escuela (aunque también algunos profesores se miraban unos a otros con preocupación y culpa). Nuestro pecado era no sabernos de manera exacta el Himno Nacional, unos empezamos a cantar una estrofa y otros otra...¿Cuál va primero, si son tan parecidas y dicen cosas tan extrañas?

El regaño de la profesora Elvia fue un gran y grave detonador en mi vida, su discurso apasionado definió buena parte de mis decisiones académicas, sociales, económicas y políticas desde ese entonces hasta la fecha.

"¡Cómo es posible que la Emperatriz Carlota, una extranjera, haya querido más a México que ustedes!"- exclamó con vehemencia- ¡Ella enseñaba el himno a los niños en México y ya desterrada, viuda y desquiciada lo seguía cantando en medio de sus alucinaciones y locura!

Todo ese regaño me intrigó sobremanera: ¡Hubo en México una emperatriz y las personas "enloquecen"!... Semejantes datos me llevaron a preguntar, leer y investigar cuanto pude de "El Segundo Imperio" y como consecuencia del primero... (En realidad el primero es el tercero; el segundo, cuarto y el primero fue el maya). Y además todo lo que pude de la locura (que no es una, sino un montón de enfermedades mentales)

Eso sí: sigo confundiendo las estrofas del himno ¿Cuál va primero "¡Ciña oh patria tus sienes...!" o "¡Patria, patria tus hijos...!"? Aún no se quien es "Masiosare" y para qué hay que "prestar el acero y el bridón..."

26 de julio de 2018

Las auténticas transformaciones de México

El Salto Cuántico, el inicio del virreinato.


Las tribus alojadas en lo que hoy llamamos México tenían un desarrollo limitado aun sin descubrir la cerveza o la economía... Fuera de los Tarascos que eran orfebres los mesoamericanos apenas usaban la rueda y todo lo hacían con piedras. Entre 1518 y 1531... saltamos de la Edad de Piedra a la Edad Media o al Renacimiento. Los oriundos más inteligentes lograban ser chamanes, antes del virreinato, para 1531 eran profesores en la Universidad, exploradores o gobernantes... un auténtico salto cuántico.

Antonio Valeriano, de origen Nahua, fue rector del Colegio de Tlatelolco, se le atribuye haber escrito el Nican Mopohua y además fue gobernante de lo que hoy llamamos Azcapotzalco.

¡El Siglo XVII, la sintonía con nuestra identidad, hasta el socialismo en México es barroco!

Nuestro gen es barroco, una vez que descubrimos tal arte no hemos dejado de decorar y construir; pintar y cantar; rezar y peregrinar; gobernar y protestar... todo lo hacemos a lo barroco. El siglo XVII empezó todo esto. 
Cabrera, Sor Juana, Sumaya... La Catedral Metropolitana...
y el sope (Frijol, carne de pollo, lechuga, crema, queso y salsa-roja o verde-) todo es nuestro y todo es barroco.

Don Carlos de Sigüenza y Góngora; autor, científico y crítico mexicano.

¡Y desde entonces... no se nos quitó lo corriente!

La primera planta de luz estuvo en una fábrica en Guanajuato, por ahí de finales del siglo XVIII y al principio del siglo XIX... de ahí para el real nos la pasamos poniendo luces a todo. Cualquier triste puesto de garnachas no lo es sin su foco.
Nos encanta hacer nuestra barroca vida nocturna muy luminosa. Obvio que desde entonces hasta la fecha la industria de producir energía eléctrica ha pasado por no pocas vicisitudes, pero de que México con luz es otro, es otro.
Una de las primeras termoeléctricas en México.

¡Y que se acaban los generales!

Sin menospreciar a ninguna de las instituciones académicas en México, sin duda la Universidad Nacional de México (antes de se autónoma) se fundó en 1910 y marca un hito singular en el desarrollo del país. La mentada fundación fue más bien refundación, rescantando las Escuelas que funcionaban por su cuenta (jurisprudencia, minería...) y se hicieron un todo enciclopédico (No falta quien dice que la UNAM es la misma que la Real y Pontificia Universidad de México, pero lo podemos poner a debate).
Existen otros hitos dramáticos y cruentos, pero esos no desarrollaron al país, antes bien nos metieron en unos baches económicos y culturales que bien nos la hubiéramos pasado sin ellos.


26 de junio de 2018

Carta abierta a Pintito, Diablo y al que cruzó el río o El arte de permanecer en incertidumbre

Queridos: Pintito, el hijo del tigre; Al que más sabe por Viejo, que por Diablo y al que arriesgó y cruzó el río...


Permanecer en la incertidumbre parece una situación indeseable, no pocas veces clientes, amistades y parientes me han manifestado su incomodidad: «¡Que pase lo que sea, pero que termine esta zozobra!». Desconocer las consecuencias parece una situación todavía peor que el escenario más tétrico.
Una persona está realmente angustiada esperando el fallo de un juez, el diagnóstico de un médico, las calificaciones que un profesor obsequie a un examen, que la autoridad otorgue una licencia o el acuerdo y firma de un contrato.
Durante la espera anticipamos las más nefastas soluciones en conjunto con las mejores; miramos una y otra vez la información con la que contamos, hacemos ejercicios de memoria para confirmar si dijimos y escribimos lo correcto. Tal suplicio, por breve que sea, parece interminable y no son pocas las ocasiones en las que nuestra insistencia por obtener respuestas logra la defenestración, cuando esperábamos el ascenso; la reprobación en lugar del diez; el repudio, en lugar de la admiración o el fracaso, cuando aspirábamos al éxito ¡Justo lo que no queríamos que sucediera!.
Sin duda imaginar la catástrofe puede ser muy útil para estar listo en situación tan apremiante, pero también es prudente considerar como aprovechar las condiciones convenientes y las que juzguemos como intermedias.
Mientras acontece lo mejor o lo peor, si bien es conveniente explorar nuestras opciones es un error iniciar el avituallamiento o dar los primeros pasos del plan para encarar lo peor, pues tiene tan buenas ocasiones de ocurrir lo mejor como lo inesperado.
Hablar sobre otros temas, leer sobre tópicos trascendentes, revisar el pasado y hasta dedicarse a otras tareas pueden ser maneras provechosas que hacer en lugar de rumiar una y otra vez las consecuencias, tan improbables todas, tan posibles todas.
Antes de adelantarnos a los acontecimientos habrá que estar en la mejor disposición para encarar cualquier situación. A menudo me ha ocurrido que el escenario que esperaba como más catastrófico lo pude sortear (casi mientras canturreaba: "Creo que no era para tanto") Aunque la verdad sea dicha: Siempre me he preparado para lo que no sucede y he tenido que improvisar a la hora de los cocolazos.

Aprovecho la ocasión para saludarles con cariño.

El que ríe al último.