Follow by Email

2010-08-26

Lo que me dio Elena

dedico este opúsculo a Elena.

El cansancio finalmente me agotó después de abrumar a mi audiencia con mis aventuras. He de reconcer que habitualmente no me aburro, pero una secuela de tantos acontecimientos en un sólo día suele ser motivo de escenas cinematográficas o de algún capítulo de televisión, pero rara vez se comporta así un día y ¡que va de día! si la mañana fue lenta, brumosa y sin mayor noticia que la delicia del desayuno y casi para alcanzar el medio día nada fuera de la rutina me alcanzó.

Me lancé a la oficina de mi amigo, quien ofertó patrocinar suculenta comida y ahí empezó todo, pues había sucumbido la entrada... y entonces ¡conocí a Elena!. No la típica troyana, una diversa, pues se debía a Aquiles que no a otro... estaba deambulando sirviendo vino y haciendo que aquel recinto fuere como primavera, cada sonrisa era un regalo... como una flor... y de sobra está decir más nada.

Ella es pues responsable de todo lo sucedido después, que a tono sería que no hubiere pasado nada, pienso que algún embrujo arrojó a mi café, pues cuando se lo solicité “cargado” me sonrió regalándome otra flor y me dijo con una voz de amistosa taciturna, y con un tono de advertencia...”no sabes lo que pides”... y yo no lo sabía... Así que Elena, que con sus modos habíase hecho de mi corazón; ahora, con su pócima, era dueña de mi destino.

El patricio de la comida insistió en que no me apeara de su vehículo sino hasta acercarme a una posta conveniente, el asunto fue que abordé ya con apremio el segundo vagón del convoy en una comdición sub humana de aprejutamiento... era un aplastamiento de carnes insufrible y por más anuncios que exhiben de evitar acercarse con damas so pena de ser acusado de algún delito sexual, era tal el hacinamiento que no cabría ya ni un mal pensamiento, a menos de que padeciera algún trastorno psicológico, que no lo padezco.

En tales circunstancias, las del apretuje, algunos aprovechan para ejercer el arte del “dos de bastos”, suerte esta ejecutada con singular maestría por hombres o mujeres, pero que posean un toque casi insustancial, de suerte que no perciba uno el robo, pero yo había ingerido el café con la carga que me proporcionó Elena y estaba alerta y así sorprendí con la mirada al atracador y luego me hice de su muñeca.

Es harto difícil enfrentarse a otro, mientras toda suerte de artejos humanos y bultos y cuerpos impiden no solo el alcance efectivo, sino la maniobra eficiente, pero estaba yo a la vez de alerta, ágil e ingenioso, gracias a Elena, y pude dominar al ladrón el cual fue entregado a al autoridad en la siguiente estación, y aunque nadie quiso presentar querella supongo que el maltrato que se le impuso fue suficiente para que no hiciere más correrías, ese día.

La reunión a la que me dirigía sucedía en estas calles llenas de personajes que abarrotaron el constituyente del diez y siete del siglo pasado, y uno que otro personaje de la época que sin ser legislador fue conspicuo alguna vez. El caso era que llegué a tiempo pese a las vicisitudes y pude hacer gala de elocuencia y creatividad para sortear objeciones y proponer soluciones, lo que valió no pocas muestras de gratitud; Me despedí sin imaginar en modo alguno lo que me esperaba, y una intensa lluvia fue el primer obstáculo a franquear entre mi locación y el recinto donde me hacen recaudo, y recordé entonces haber guardado entre mis ropas un poncho de cualidades mágicas.

Doblado de manera conveniente se reduce al tamaño de un libro de bolsillo y es su versión desplegada cubre la mayor parte del cuerpo, guareciendo lo de las tormentas; así investido surcaba las calles mal iluminadas y encharcadas hasta confundir aquello con una inundación cuando unos formidables perros de vigilancia franqueaban el paso, con temibles ladridos, pero menos que sus amenazadoras fauces, tenían en caracter de presa a un pobre niño pobre y su pobre abuelita, teleridos de frío y miedo, con cada ladrido saltaban despavoridos y cuando acercaban el hocico hacia el rostro de las víctimas, temblaban horrorizadas sin poder escapar.

¿cómo pude acercarme sin ser notado? estimo que fue por el puro efecto del café cargado por la mano de Elena; así me hice de las correas y como el “Encantador de perros” domé a los formidables cancerberos y salvé a la abuelita y al nieto de ser cena de canes. Formábamos un grupo formidable, los cinco... perros, niño, abuela y yo... no hubo entonces quien se atreviere a detenernos ni siquiera para pedirnos la hora.

Los primeros en separarse fueron los canes quienes reconocieron en una casa no poco onerosa como su morada, así que supusimos que más que amenazadores anduvieron perdidos... ya en casa se despidieron con amigables , luego llegamos al refugio de la abuela y el niño, quienes pretendían agasajarme con una cena y regresar el poncho, pero insistí en que lo conservaran, insistiendo en que lo doblaran de la manera conveniente. Así caminé hasta la estación más cercana y transité sin noticias hasta llegar a la zona que ya me era familiar por estar cercana a mi domicilio.

Ya había vencido tremendos y formidables enemigos, pero era necesario atravesar un callejón, ahí me esperaba un tremendo personaje, que embosca transeúntes y les roba sus celulares, usa un parche y le mentan el cíclope. Yo creo que se aprovecha de su musculatura, pero no contaba con mi desempeño gracias a la segunda tasa de café que me sirvió Elena. No sólo no pudo atracarme, por más que me amenazó y lanzó puñetazos, sino que lo dejé momentáneamente ciego con un certero derechazo, y en lo que se reponía me lance hacía mi destino.

En esa esquina podría tropezar con cierto grupo de mujeres galantes que suelen cantar, tomarte del brazo y llevarte a donde, en principio quieres, les dicen las sirenas y en honra de mi barrio diré que son más raras que cotidianas... sabes que debes evirtarlas,bueno pues no sucumbí a sus encantos por estar usando unos auriculares para entreterme con la música, pero sobre todo por la pócima de Elena.

Fuí argonauta, escapé del atraco, cazador, elocuente, templado y sagaz todo en una tarde y noche como secuencia de beber un café y cierta pócima mágia... y como no dejo de pensar en Elena... ¡ya voy creyendo que fue toloache!

0 comentarios: